Si tuviese que dar respuesta a lo que la pequeña nación de Israel me sugiere, lo que para mí significa, los afectos que en mí despierta (a pesar de sus conflictos, de sus dificultades, de sus desafíos…), intentaría hacerlo a la contra, dando la vuelta a la cuestión. Y lo haría así porque el grado de parcialidad informativa y de odio visceral y pertinaz sobre esa nación es tan clamorosamente elevado si lo comparamos, especialmente, con el silencio cómplice e inmoral en relación a todo lo que sucede, por ejemplo, en sus países vecinos, que algo parece indicar que con Israel se aplica una excepcionalidad más que sospechosa e injusta.