Si bien el mundo ha cambiado, las ciudades crecen y se vuelven más complejas, todavía es posible sostener que Nueva York es uno de los sitios (sino el más) multicultural del planeta. Y dentro de ese melting pot neoyorquino típicamente estadounidense se encuentra Brooklyn, auténtico barrio de nacionalidades mezcladas, donde la cabecera de la ribera este del puente Williamsburg forma un contexto particular. Porque allí está por estas épocas el nuevo centro cultural, artístico y culinario de la Gran Manzana. Si entre los 70 y los 80 la preeminencia del barrio bohemio e intelectual fue el Soho, y hacia principios de los 90 el barrio hipster de moda fue Chelsea, en este inicio de la segunda década del siglo Williamsburg está a la vanguardia de la movida, desplazando a las zonas de Manhattan como lugar posindustrial convertido en hub intelectual.