Como en muchos otros ámbitos de la vida nacional, a lo largo de la década de 1930 se completó la transformación de un ejército profesionalista y mayoritariamente apegado a la Constitución a otro basado en una concepción antipluralista y crecientemente antidemocrática de la Nación. Muchos han sido los intentos de explicar esta marcada transformación. Una de las consecuencias de estas transformaciones en el Ejército fue el despliegue de prácticas discriminatorias hacia los judíos, y la difusión en su seno de ideologías marcadamente antisemitas. Por supuesto, las Fuerzas Armadas distaban de ser el único ámbito en que los pensamientos judeófobos se difuminaban en la década de 1930, ya que procesos similares ocurrían en diversos ámbitos de la sociedad civil y el Estado, pero el carácter verticalista de la institución daba a este fenómeno características singulares.