La extrema derecha alemana cuenta con al menos 25 mil militantes activos, 5.500 de los cuales son neonazis. En los últimos años, esos grupos han asesinado a más de diez personas, y a más de 180 desde la caída del muro de Berlín. Si bien el resto del sistema político intenta marginalizarlos, tienen fuerte influencia en sectores populares, fundamentalmente en la ex Alemania oriental, y cuentan con complicidades en la policía.