Eran otros tiempos, no cabe duda. Una época dorada para un país que recibía visitantes europeos, que se sorprendían con nuestras conquistas sociales y nivel de vida.También para el genial físico alemán eran horas felices: en la cumbre de su popularidad, con un Premio Nobel a sus espaldas y un aura de genio humilde que le abría todas las puertas.Pero no todas eran rosas para el inventor de la Teoría General de la Relatividad. Discutido científicamente a pesar de sus éxitos, perseguido a raíz de su origen judío, odiado en general por todos los militaristas del mundo que detestaban su pacifismo, encontró en Montevideo, según sus propias palabras, “un remanso de paz y calidez humana”, que no sintió, según consigna en su diario personal, en Buenos Aires.Einstein estuvo varios días en Uruguay dictando conferencias donde intentó explicar a expertos y novatos, la teoría que cambiaría la manera de mirar el universo de ahí en más.
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