¿A qué da derecho el Holocausto? A los judíos, a transformar la seguridad en instinto y en política, y su derecho a la defensa en primaria y perentoria obligación de garantizarla: a desconfiar de todos y de todo cuando aquélla está en juego. A pensar que ningún momento pacífico, de armisticio en el odio por la razón que fuere, es definitivo: que ninguna ideología antisemita es pasajera, como ninguna profesión de fe pro judía o pro israelí es absoluta; que ninguna declaración de amistad o protección al pueblo judío, fuera de Israel o incluso dentro, es concluyente. De otra manera: a actuar pensando que aquella parte de la historia que llenó de odio el corazón no judío sigue viva, y que ni siquiera actos como el propio holocausto han logrado enterrarla.