La matanza perpetrada por Mohamed Merah en Toulouse y sus alrededores en marzo pasado, como los atentados con bombas de 2004 en Madrid y de 2005 en el metro de Londres, han puesto de relieve una vez más los dilemas que afronta Europa respecto de su minoría musulmana en aumento. Ningún modelo de integración social ha demostrado estar libre de fallos, pero, ¿de verdad es el panorama tan desolador como quieren hacernos creer quienes se desesperan ante el surgimiento de una “Eurabia”? Ni el principio multicultural (respeto de la “diversidad cultural en una atmósfera de tolerancia mutua”, como lo formuló el ministro laborista británico Roy Jenkins en 1966) ni la indiferencia oficial para con las identidades religiosas (como en Francia, donde el Estado, como dijo el historiador del siglo XIX Jules Michelet, “ocupa el lugar de Dios”) han funcionado como se había previsto.