La mañana ha amanecido soleada en Jerusalén. Desde Yemín Moshé, el barrio elegido por David Grossman para charlar de su último libro, se divisa la muralla de la Ciudad Vieja, el muro de hormigón que separa a israelíes y palestinos y el lugar en el que según la Biblia Jesús cenó por última vez. Grossman llega a su hora. Es un hombre tremendamente vitalista, que habla con pasión de su escritura, de la muerte de su hijo Uri en la guerra de Líbano, del uso y del abuso de la memoria del Holocausto y de qué significa ser judío hoy en el mundo. Reflexiona con la misma minuciosidad con la que en su nuevo libro disecciona la muerte y la colección de sentimientos que afloran en los procesos de duelo. Más allá del tiempo es un texto en prosa poética. “Él ha muerto, pero su muerte no ha muerto”, escribe Grossman.