Las guerras son caldo de cultivo en el que fermentan los más bajos instintos y también los sentimientos más nobles y altruistas del ser humano. La Segunda Guerra Mundial cuenta con su retablo de monstruos sanguinarios, y de héroes tanto militares como civiles, capaces de impresionantes gestos y gestas que han dejado huella en la memoria colectiva.
Oskar Schindler, el personaje que inspiró la película de Spielberg, y Ángel Sanz Briz, conocido como el Ángel de Praga y sobre el que también se hizo filme, son dos buenos ejemplos del rostro más humano en medio del horror. Ambos desafiaron al Tercer Reich y salvaron la vida a miles de judíos. Junto a ellos y en lugar de honor merece estar Irena Sendler, una trabajadora social del Ayuntamiento de Varsovia que realizó la proeza de salvar a más de 2.500 niños judíos del guetto polaco.