Klaas Carel Faber murió a los 90 años en Ingolstadt, Alemania. Había sido condenado en Holanda por la muerte de presos en el campo de concentración de Westerbork. Faber escapó de prisión en 1952 y se refugió en su país, que nunca lo deportó. Actualmente figuraba como Nº 3 en la lista de criminales de guerra más buscados del Centro Simon Wiesenthal.