“El mercader de Venecia”, de Shakespeare, es un magnífico ejemplo del antisemitismo y anticapitalismo que dominaban la joven Europa renacentista.
En el centro de la escena se encuentran Shylock y Antonio. Shylock es el prototipo del judío “asesino de Jesús” y cultor del capital: prestar dinero con interés es su principal ambición. Antonio, por el contrario, es un comerciante cristiano amigo de la amistad y enemigo de la avaricia: otorga préstamos a sus amigos sin cobrarles interés.