Al fondo de un callejón ciego hay unan modesta casa con un portal cerrado. Si la recepcionista del hotel Talisman no me lo hubiese dicho no habría sabido que era una sinagoga, sin ningún símbolo religioso en la fachada, que se abre discretamente cada fiesta del Shabat. La sinagoga de Al Faranj, la única que queda donde aun se celebra el culto. Por casualidad fui a parar al antiguo sector judío de Damasco, en los alrededores de la calle Al Amin, perpendicular a la Via Recta, antiguo barrio cristiano de la ciudad donde también viven musulmanes. Entre sus humildes viviendas, algunas abandonadas o cerradas, en estas callejuelas angostas y pobres hubo mansiones como la de Farhi, consejero financiero de la administración otomana, o como las que han sido unificadas para albergar el hotel Talisman de florecientes familias de religión judia, comunidad milenaria en Siria.
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