Claude Lanzmann ofreció al mundo mediante un documental de 10 horas titulado Shoah la reconstrucción y los testimonios de una de las barbaries más grandes que se han perpetrado en la historia de la humanidad. El cine ha conseguido estremecer a cualquier espectador con dos dedos de frente y un poco de corazón con historias sobre el Holocausto, como las magistrales La lista de Schindler y El pianista, pero allí había intérpretes, música, el tratamiento estético con el que se construyen las ficciones. Sin embargo, en Shoah todo está desnudo, es pavorosamente real, ofrece incontestables datos y la concesión de algunos que lograron sobrevivir al espanto.