El presidente egipcio, el islamista Mohamed Mursi, ha dado este sábado un paso al frente en la guerra sectaria que suníes y chíies libran en territorio sirio. El sucesor de Mubarak ha anunciado que Egipto rompe los últimos lazos diplomáticos con la Siria de Bashar al Asad: cierra la embajada siria en El Cairo y retira al encargado de negocios egipcio en Damasco. «Hizbulá debe abandonar Siria», ha apostillado Mursi.