El martes 10 visité una panadería en el barrio pobre de Imbaba, en El Cairo, donde vi un jaleo de hombres, mujeres y niños que se empujaban para conseguir pan. Hay que llegar temprano, pues el panadero solo hace poco pan de pita subsidiado; el resto de la harina subsidiada por el gobierno lo vende en el mercado negro a panaderos privados que cobran cinco veces el precio oficial. No le queda alternativa, asegura, pues sus costos en combustible se fueron a las nubes. Es posible ver las bolsas de harina subsidiada cargadas en hombros para sacarlas por la puerta lateral. «Es el trabajo más difícil en Egipto», me dijo el panadero. Todo el mundo está enojado con él, especialmente quienes llegan temprano e igual se van sin su pan.