Al preparar el Talmud de Babilonia en el siglo VI e.c., los rabíes ponen sobre la mesa de estudio, uno por uno, cada caso a discutir. En cada asunto, dicen lo que recuerdan que han aprendido de sus maestros, las sentencias de los jueces de Israel en casos similares, episodios, historias, dichos populares, leyendas, estudios científicos o cuestiones relacionadas que conocen, incluso los temas que la libre asociación de ideas les traen a la memoria. Al final de toda esa discusión que puede llevar muchas páginas, los rabíes vuelven al tema que originó la discusión y entre todas las opiniones expresadas votan una sola, por mayoría de rabíes presentes. Esa interpretación quedará fijada en el Talmud como Halajá, Ley – podríamos llamarla también jurisprudencia obligatoria – a seguir por todo el Pueblo de Israel en ese caso concreto.
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