Tras la oración del segundo viernes de Ramadán, muchos en Gaza se temían que la relativa calma bélica fuera la que, se dice, precede a las tormentas. No así el escolar de 17 años Mohamed Jerasem, que salió de la mezquita del campo de refugiados de Al Sati con el ánimo bien alto: “Están matando a nuestras madres y nuestros niños”, observó. Y añadió que en Gaza están “orgullosos” de la “respuesta, de los cohetes y de la resistencia hasta la última gota de sangre”. Un discurso casi idéntico al sermón que había dado el imán minutos antes. También podría ser del líder de Hamás, Ismail Haniya, que en tiempos de paz vive muy cerca del templo. Las radios y las televisiones reflejan esa misma doctrina pétrea de resistencia y triunfalismo, mientras las bombas y los misiles israelíes machacan Gaza día y noche.
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