La más reciente oleada antijudía, que por estas horas recorre a toda velocidad buena parte del mundo como un tsunami de odio, ya ha llegado hasta nuestras costas. No caeré en la trampa de vincular la condena a Israel por lo que ocurre en Gaza con esas expresiones antisemitas, pues en realidad estas son muy anteriores, casi atávicas en nuestras sociedades. Y cuando hablo de “oleada antijudía” me refiero a las formas más bajas y soeces de un desprecio racista que, desde hace siglos, ha sido siempre el presagio de males sin remedio.
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