Las acciones militares recientemente emprendidas por la coalición internacional que actúa contra el llamado Estado Islámico son una suerte de bendición para el régimen totalitario de Bashar al-Assad, el presidente de Siria. Porque obviamente procuran debilitar a su peor enemigo en la guerra civil de su país. Reivindican además su temprano argumento en el sentido de que ayudar desde el exterior a la insurgencia siria «sunni» terminaría indefectiblemente provocando el fortalecimiento del ala más radical del fundamentalismo, la que hoy representa precisamente el Estado Islámico. Lúgubre profecía que, lamentablemente, se ha cumplido.