Dalia Lemkus era una joven de 26 años cuya vida resolvió segar Maher al-Hashlamun, atropellándola intencionalmente. Para asegurarse del asesinato, se bajó del coche y la apuñaló. Ella comenzaba a planificar su futuro. Le encantaba cocinar con su madre, hablaba perfecto inglés, era maquilladora, trabajaba con niños en Kiryat Gat y era voluntaria en el cuidado y atención a enfermos y heridos. Detrás de cada muerte, hay una vida que un terrorista decide truncar.