La Guerra de los 50 Días sembró ansiedad y una inhabitual confusión en el seno de las comunidades judías. La agresividad antiisraelí y su reflejo sobre la Diáspora habían cruzado los límites acostumbrados de rechazo a Israel, irrenunciablemente obligado a defender a su población civil de los misiles y bombas gazatíes. Esta vez líderes y portavoces comunitarios se vieron interpelados por las voces surgidas de protestas, manifestaciones y condenas de la acción israelí. Personalidades prestigiosas pidieron autocritica. Quedó planteado así un tema delicado: ¿la solidaridad y el apoyo que la gran mayoría de los judíos manifiestan hacia Israel han de ser incondicionales en todas las circunstancias?