Hace unos días, ocurrió otro incidente “lingüístico” de connotaciones antijudías, en este caso el de una flamante alcaldesa que dijo “no ser una perra judía”. Aunque muchos digan que es algo ancestral, sin significado real hoy, es curioso que todavía sigan oyéndose a menudo estas frases. El lenguaje es importante. Hace unos meses, Twitter tuvo que bloquear el hashtag y los mensajes tras el partido de baloncesto en que ganó el Maccabi de Tel Aviv, ante la avalancha de mensajes antiisraelíes, lo que provocó incluso una queja ante Asuntos Exteriores de la Embajada de Israel en Madrid. La red española está plagada de insultos a Israel. Y esto en un país que debe gran parte de su cultura y su pasado a la aportación del fermento hebreo, como nos recordó Américo Castro.