A lo largo de todo mi proceso de escolarización, como le ocurre a la mayoría de los jóvenes no judíos, estudiamos el Holocausto como una de las tantas anécdotas o capítulos de la Segunda Guerra Mundial. Nos horrorizamos con las cifras, nos conmovemos con las imágenes y seguimos adelante en el programa estudiando el desenlace de la Guerra y el comienzo de la Guerra Fría.