Hace ya unas semanas se produjeron un par de extraños incidentes indirectamente relacionados con el conflicto Israel-Palestina. En un festival de música en Benicássim, a un cantante judíonorteamericano se le retiró la invitación porque al parecer un grupo de boicot a las políticas de Israel recordó que el cantante había hecho declaraciones en que apoyaba el sionismo, aunque quién sabe qué entiende a día de hoy cada uno por “sionismo”. La dirección del festival, más bien torpe en este asunto, redactó una carta de apoyo a la causa palestina y se la envió al cantante para que este la firmara. El cantante se negó y la dirección decidió no invitarlo. Más tarde, la situación se recondujo y finalmente el cantante pudo actuar. También hace unas semanas, en un festival de cine político en Noruega, una película israelí, cuya trama tenía lugar en un hospital de Tel Aviv y cuyos protagonistas eran un grupo de minusválidos, fue rechazada en el certamen porque, según parece, no abordaba la perspectiva palestina del conflicto.
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