Jess Katz, su madre y sus tres hermanas, de New Jersey, se conectaron a Skype una mañana para tener una videoconferencia con Evgeny Belzhitsky, en Rusia, acompañado de su hija, su nieta y un traductor. Jess y Evgeny son primos, pero nunca se han visto. Jamás han sabido nada los unos de los otros. Evgeny es hijo de un tío suyo que daban por desaparecido, parte de la familia que pensaban habían perdido para siempre en el Holocausto nazi.