Las personas afrodescendientes luego del fin de la esclavitud transatlántica, nunca fuimos totalmente liberadas de las consecuencias de la discriminación racial como hecho cotidiano, y de un racismo estructural visto como “normal” e institucionalizado en la sociedad, aún en pleno siglo 21. Combatir estos vicios sociales pasa también por instalar nuestras fechas emblemáticas al más alto nivel político estatal y junto a ellas nuestros valores como comunidad celebrando por ejemplo los 25 de julio Día de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, como parte de las políticas públicas de inclusión buscando equilibrar la balanza tantos siglos inclinada en detrimento de unas culturas sobre otras.