Un exilio permanente, un recuerdo borrado por la nostalgia y un pedazo de la tierra a la que nunca volverían. La colonia Roma, en el centro de la Ciudad de México, guarda el secreto de miles de inmigrantes sirios que encontraron en América la posibilidad de tener una vida mejor. A unos metros de los bares y restaurantes de moda yace oculta la sinagoga de la calle de Córdoba, cuya historia se cuenta al calor de las cuerdas del laúd, entre partidas de backgammon y tazas de café turco.