Todavía emite algunos estertores de terror que se diseminan a lo largo del mundo, por momentos de manera esporádica y con preferencia en ciudades estratégicas de Europa. Pero el Estado Islámico ya no es lo que supo ser hace algunos años y su estructura orgánica parece ir perdiendo terreno poco a poco. Por si algo faltaba para confirmar esa decadencia pronunciada, este martes sufrió el tiro de gracia: la caída de la ciudad siria de Raqa, que proclamó hace tres años como la capital de su califato, junto con Mosul, en Irak, cuyo dominio ya había perdido en julio pasado.