Las pintadas nazistas en el Monumento al Holocausto son un asunto serio. No basta la condenación ritual y que la Intendencia de Montevideo limpie rápidamente. Hay que arrancar de raíz ese rebrote nazista que resulta insólito pero no por ello menos preocupante. Está claro que este tipo de ataques no expresa sino a una ínfima minoría, pero repite consignas que en Europa repican por aquí y por allá, en un reiteración que, si no es orquestada, responde igualmente a ese microclima de prejuicio que se retroalimenta con la prédica antisionista, antijudía y antiisraelí de los grupos musulmanes radicales.