Mientras la Asamblea General de las Naciones Unidas se reunía para votar sobre la moción palestina contra la reciente decisión del Presidente de EEUU Donald Trump de reconocer a Jerusalem como capital de Israel, en esta misma ciudad convivía, como siempre, judíos y árabes. Hacían compras, estaban sentados en los cafés y compartían las atracciones del lugar. Mientras 128 países se creían con derecho a determinar que la capital de Israel no es la que es, en la capital de Israel -esa misma, sí, Jerusalem- la vida podía más.