Si algo ha trascendido de la Segunda Guerra Mundial es el ferviente odio que sentía Adolf Hitler por la raza judía, a la que consideraba culpable de organizar una gigantesca trama contra Alemania y de orquestar el tratado de Versalles (el cual dañó soberanamente a Alemania). Esta aversión provocó la creación de grandes operaciones como la «Solución Final» (el asesinato masivo de miles de personas) o la «Reubicación» (como decían los nazis) de otros tantos individuos en campos de concentración y exterminio. Sin embargo, de entre todos estos crueles planes, uno de los más descabellados fue el ideado por Franz Rademacher (jefe de la Oficina de Relaciones Exteriores de Alemania) en verano de 1940. Fue en ese año cuando, para asombro de muchos, propuso enviar a todos los judíos de Europa a la isla de Madagascar (ubicada al sur de África).
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