En pocos autores se cumple tan bien eso de “pinta tu aldea y pintarás el mundo” como en Isaac Bashevis Singer (Leoncin, cerca de Varsovia, 1904 – Miami, 1991; Premio Nobel de Literatura 1978): su narrativa, escrita en yiddish, lengua de los judíos del centro y este de Europa, está arraigada en la identidad judía, y de manera muy especial en el ambiente pobre, melancólico y religioso de los shtetlach, pequeños asentamientos rurales judíos de Polonia, eliminados del todo por los nazis.