“Nehara”, uniendo el mundo de la danza y de la religión judía. Entrevista a su Directora Artística, Daniella Bloch

04/Abr/2016

Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski

“Nehara”, uniendo el mundo de la danza y de la religión judía. Entrevista a su Directora Artística, Daniella Bloch

Israel es hoy uno de los países mejor considerados en el mundo de la danza contemporánea. Tanto sus creadores como los bailarines mismos, suelen ser vistos como especialmente interesantes, fuertes, osados y originales. Es un crisol de gustos y matices que se manifiesta de modos muy variados.
Dentro de este variado espectro, hay una compañía muy singular, «Nehara», compuesta por cuatro bailarinas modernas, todas ellas mujeres judías religiosas. Dentro de pocos días, llegan a Uruguay, bajo la dirección artística de su creadora, alma y cerebro del conjunto, Daniella Bloch.
La iniciativa fue de Marcelo Cynovich, quien con su propio aporte y el apoyo de algunas personas en la colectividad y de la Embajada de Israel, además del acompañamiento clave del periodista Robert Rocha, amigo personal y de la causa judía, logró concretar el sueño. Es importante destacar que junto a Marcelo, trabajaron con entusiasmo Liliana Gutman, Adira Mautner y Sylvia Ascher. Por supuesto, sin la buena acogida que tuvo la iniciativa tanto en el SODRE como en las diferentes instituciones de la colectividad que acogen las variadas actividades durante la semana, esto no tendría la dimensión que seguramente tendrá.
Hace algunos días, combinamos con Daniella para esta entrevista, en un estudio de danza en la calle Salame, al sur de Tel Aviv. Había allí un gran movimiento de mujeres y hombres que practicaban en sus respectivas clases, terminaban de danzar o se preparaban para comenzar a hacerlo. Ella era la única con el cabello cubierto, como es propio de las mujeres religiosas, aunque lejos estaba de parecer ajena al lugar.
Y de esto justamente se trata «Nehara»: de ser parte, tanto de la religión judía, como de la danza, una fusión entre dos mundos.
Daniella (39), nació en Estados Unidos y se radicó en Israel con su familia cuando tenía 9 años. Viene de un hogar religioso ortodoxo que llama «ortodoxo moderno», siempre muy vinculado a las artes. Baila desde los 9 años, destacando que lo ha hecho siempre de modo muy profesional. A los 20 años se sumó a un conjunto de danza. Hoy en día ella misma no baila sino que enseña. Desde hace 10 años es profesora de ballet. Enseña tanto a jóvenes como a bailarines ya más grandes y también da talleres para docentes de danza. Es egresada de la Academia de Danza y Música de Jerusalem.
Vive en Tel Aviv con su esposo Raanan y sus dos hijos varones, el mayor de 2 años y medio y el menor de un año. Espera próximamente el nacimiento de su tercer hijo.
Hace cinco años creó el conjunto «Nehara» de danza contemporánea.
EL VIAJE A URUGUAY
Daniella, comencemos por el proyecto que se está por concretar: el viaje a Uruguay. ¿Cómo surgió esto?
La verdad ¡ni lo sé! Habría que preguntarle a Marcelo Cynovich cómo lo hizo posible. Te cuento que hace aproximadamente un año y medio hicimos una campaña para recaudación pública de fondos, con la cual logramos recibir una suma que nos permitió sustentar «Nehará» durante varios meses. Y fue en ese marco virtual que Marcelo se topó con nosotros. Por algún lado vio la campaña. Recuerdo que una noche que había terminado de dar clase a las 22.00, recibo una llamada telefónica suya. Cuando empezó a hablar y mostró interés en que vayamos a bailar a Uruguay, me dije a mí misma «otro más que habla por hablar». Es que con el correr del tiempo, recibí muchas llamadas que nunca llegaron a nada.
Pero él siguió llamando, escribiendo y finalmente le pregunté a una amiga mía que es de Uruguay, que vive en Israel, también es bailarina y que se hizo religiosa, Miriam Kescherman, si lo conoce. Su esposo me dijo «Marcelo es de los que concreta cosas, empuja para adelante». Seguimos entonces el contacto, logré con el tiempo y con la valiosísima ayuda de la Embajada de Israel en Uruguay, que la Cancillería israelí apoye con los pasajes. Marcelo siguió empujando por su lado, hizo milagros. Y aquí estamos por viajar.
No solamente a bailar…
Justamente. Acá lo interesante es que no se trata solamente de espectáculos sino de talleres, un gran vínculo con la colectividad judía, creo que una misión muy importante que transmitirá mucho del corazón de nuestra actividad. Habrá talleres para alumnos, para adultos, en escuelas de la colectividad y fuera de la colectividad, danzas israelíes, clases para mujeres, y shabat. Y una presentación de la cantante Sharon Roter.- Es realmente una semana entera de Festival Nehará, así lo veo yo.
¿Con qué espíritu esperas este viaje?
Estoy sumamente emocionada. Quiero estar segura de que todo saldrá bien, que seamos representativas y sepamos traer algo nuevo. Que dejemos algo al irnos. Y claro que está la expectativa de que el día del espectáculo en el Sodre, todo funcione bien. En lo personal me cuesta mucho dejar a mis dos hijos, que son muy chicos, pero mi esposo, que siempre es muy dedicado, se hará cargo de todo. Estoy muy emocionada con todo esto. No puedo creer que hayamos llegado a este punto, todo este camino recorrido.
¿Sabes algo de Uruguay, de ese mundo al que viajas ahora, antes de partir?
Solamente lo que me contó Miriam Kescherman, mi amiga. Para mí es conocer un mundo nuevo. Me interesa mucho conocer a la colectividad judía. Yo he viajado mucho, siempre me es importante conocer a las comunidades judías en otros países, porque siento que nuestro pueblo es muy especial y que nos unen fuertes vínculos. Y nos une a todos, nuestro lugar, la tierra de Israel.
ARTE Y ORTODOXIA MODERNA
Hablemos de la danza. No es fácil dedicar la vida a la danza, si el hogar no acompaña, si la familia no es, de alguna forma, parte integral del esfuerzo. ¿Cómo fue en tu caso?
Te cuento que nací en un hogar religioso ortodoxo moderno, en Estados Unidos, que siempre estuvo muy vinculado con las artes escénicas. Era una casa de música, ópera, música clásica, ballet, jazanut (canto litúrgico judío). Tanto mi abuelo como mi padre trabajaban en eso. Mi tío era cantante de ópera. Así que puedo decir que mamé en mi hogar, desde chica, tanto el arte como la religión judía.
¿Dirías que ese vínculo tan profundo y fuerte con el arte escénico fue posible más que nada porque cuando eras chica vivían en el exterior? En otras palabras…quizás en Israel habría sido más difícil encontrar una línea ortodoxa como la de tu familia.
De eso no tengo duda alguna. No creo que si hubiera nacido en el seno de una familiar religiosa israelí las cosas se habrían dado de esta forma. Probablemente no me habría convertido en bailarina, no habría pertenecido profesionalmente a este mundo. Creo que entre los judíos religiosos en Estados Unidos hay otra línea, que hoy vemos se está desarrollando también en Israel, pero que antes no era así.
¿En qué lo ves?
En varias cosas. Se ve mujeres que dirigen el kabalat shabat, que suben a leer la Torá. Y aclaro que no estoy hablando en absoluto de judíos reformistas. Pero sí se trata de abrir espacios en lo que es posible, en el marco de la Halajá, la ley religiosa judía. Hoy es más posible. Y creo que comienza allí, en el judaísmo norteamericano, francés. Más que nada los judíos religiosos anglosajones traen este espíritu, y se nota algo distinto.
Por otro lado, tú ya estás en Israel hace 30 años, toda tu vida prácticamente, también en la danza, la has desarrollado en Israel ya que llegaste de chica. O sea que en Israel has hecho tu desarrollo profesional. Esto significa que tu alma ya había sido tocada, en el bueno sentido de la palabra, por el amor a este campo, cuando llegaste a Israel, pero todo tu desarrollo profesional se hizo ya estando en Israel. Y estimo que para lograrlo, no habría alcanzado con el apoyo de tus padres. Era necesario que también haya en Israel mismo algo que lo permita.
Has planteado una pregunta muy inteligente. Y te diría más: no sólo que en Israel fue posible sino que si nos hubiéramos quedado en Estados Unidos, probablemente no habría podido desarrollarme profesionalmente como lo hice aquí, siguiendo la observancia religiosa judía. Es que en algún momento seguramente habría tenido que renunciar al respeto del shabat, para poder bailar. Pero en Israel eso no fue necesario.
EN DOS MUNDOS
¿Cómo combinaste la danza desde chica con el resto de tu vida?
Iba a una escuela religiosa por la mañana y de tarde estaba en la mejor escuela de danza que había entonces en Israel, Bat-Dor, en Tel Aviv… Luego llegué a ser parte de la compañía. Estaba en Bat Dor hasta las 10 de la noche. Así, seis días a la semana, durante siete años. Allí crecí, allí me enseñaron de hecho qué significa ser bailarina, qué significa la danza profesional, cómo lidiar con todo este mundo en forma correcta, cómo ir construyendo el cuerpo, el alma, la mente de la danza que hay que poner en esto, para ir contra otras voluntades naturales del cuerpo. Todo lo que sé de esta profesión, lo absorbí allí.
>A los 20 años me incorporé como bailarina a «Bat Dor», al conjunto, y bailé allí cinco años. Ese fue el comienzo de mi camino profesional en todo sentido. Y ahí también sentí cuán difícil es combinar la forma de vida religiosa con la danza.
¿Por qué? ¿A qué dificultades te refieres? ¿Por la vestimenta, el tema de la modestia, o mejor dicho el recato?
No solamente por eso. No es una profesión que se arregle fácilmente con la práctica religiosa judía. Está sí el tema de la modestia, el respeto del shabat, la necesidad de viajar al exterior a espectáculos y de ocuparse de la comida kasher, hay que trabajar también cuando hay ayunos…Está el tema del ambiente dentro de un conjunto…Hay algo de fondo que no permite que ambos mundos convivan. Son dos mundos opuestos.
Pero en tí y en «Nehara» está la prueba de que sí se puede.
Bueno, en mi caso más o menos sí, por el hogar del que vine, porque por carácter, cuando me planteo una meta, ahí puse el ojo hasta que la alcanzo. Yo decidí que este mundo podrá existir en mí, y así fue, pero el camino para hacer posible que los dos mundos coexistan, ha sido muy difícil y desafiante. Ahora creo, mirando hacia atrás, que para un niño, es demasiado.
Entiendo las complicaciones «técnicas» que mencionaste… pero de fondo también está el tema de la actitud. Por ejemplo, cuando llegaste a «Bat Dor», ¿sentías que la pregunta era qué hace acá una jovencita religiosa?
Claro, eso siempre fue una especie de broma. Siempre era la religiosa, la «rabina». Siempre era la que venía con que «hoy hay ayuno», «hoy es fiesta»…pero la verdad, no es solamente el tema judío sino la esencia de fondo, los valores. Mis valores siempre fueron muy diferentes en otras cosas, en cuanto al ejército, a la formación de una familia. Yo no hice el servicio militar pero sí hice la alternativa que siguen muchas jóvenes religiosas que igual quieren aportar, lo que se llama el «servicio nacional». Pero muchos de mis compañeros en Bat Dor no lo hicieron, los eximieron por ser bailarines profesionales.
Aunque se puede combinar las dos cosas, pero ese es otro tema.
Así es. Yo sentía que en muchas cosas era diferentes de los demás. Mi shabat era sumamente distinto del de ellos, adónde iba, qué hacía…Pero a pesar de eso, no me sentía fuera de mi marco, me sentía sí parte integral del conjunto. Esos eran mis amigos, mi gente. Es que eso venía también de mi carácter, si yo decido que me ubico en determinado lugar, pues ese es mi lugar.
¿Bailabas con varones?
Eso nunca fue un problema para mí. Si hubiera nacido en un hogar distinto, seguramente los énfasis habrían sido otros. En Israel se destaca mucho el tema de la modestia, en el sentido de recato como tú dijiste antes. Se educa en ese valor, se habla de eso desde temprana edad. Pero a mí nunca me hablaron de eso en mi casa .Yo iba con pantalones cortos y recién en Israel entendí que aquí las cosas son distintas .De todos modos hoy me manejo de otra forma en este tema.
¿Por ser casada?
No, ya antes de eso. Sentí que no podía estar acá y allá al mismo tiempo y tuve la necesidad de preservar un espacio religioso pleno. Es que si no, puede haber una disonancia entre lo que una aparenta y lo que es en su fuero íntimo. Y entonces una tiene que andar explicando todo el tiempo.
Por estar dando a entender algo equivocado…
Exactamente. Por eso ya no me visto así.
Pero aquí estás ahora de manga corta y yo no veo nada que no sea recatado.
Claro, no es que me tapo toda, sino que hallé el punto que considero irradia respeto por mi cuerpo. No hay que estar mostrando todo. Yo me fijé un marco que cuido mucho, qué me pongo y qué no. Pero esto no significa que escondo mi cuerpo, en absoluto. La mujer tiene femineidad y se puede marcar presencia.
Y conectando esto con tu pregunta, recordemos que sea como sea, en Nehara bailan únicamente mujeres. Creo que la vestimenta es muy digna y al mismo tiempo no tapa todo. Se muestra pero no demasiado.
Cuatro mujeres cuyo común denominador es el judaísmo y la unión por la danza, seguramente entre otras cosas.
Así es. Dos de ellas nacieron en Estados unidos, aunque una de ellas, Dalia, vino de muy pequeña y creció en Israel. Lea llegó de California hace seis años. Viene de una casa tradicionalista, o religiosa originalmente. Las otras dos nacieron en Israel. Y claro que aunque la mayoría de nosotras, si me cuento a mí misma que no bailo pero dirijo, somos de origen anglosajón, es una compañía plenamente israelí. Vivimos en Israel, trabajamos en Israel, eso está claro.
Y claro que lo que hay acá es meramente el interés artístico, cultural.
Por supuesto. Yo ni siquiera recibo pago ninguno por dirigir «Nehara». Las bailarinas sí, pero yo no. «Nehara» es mi «bebé», fue creado por mi agenda ideológica, por mi empuje artístico y judío, todo junto. No creí que llegaría a lo que es hoy. Así es cuando se hace algo porque uno cree en eso.Y yo sentía que tenía que formar «Nehara».
¿Y por qué? ¿De dónde viene esa necesidad?
Creo que el público religioso suele desconectarse de la danza y a mi criterio esto es terrible. Y también lo es que el público dedicado a la danza se desconecte del judaísmo. Y hay aquí bailarinas-no muchas, pocas, poco comunes- que buscan desarrollarse en esta profesión sin tener que luchar todo el tiempo por el respeto del shabat, la kashrut, el recato y todo tipo de cosas parecidas. Sin tener que luchar con sus propios sentimientos, y sin tener que transar en cuanto a su espacio profesional.
O sea que sentí que era necesario combinar los dos mundos a alto nivel, y este es nuestro objetivo, este es el punto del que yo parto, sabiendo cuáles son los estándares profesionales que me planteo y también mi lugar dentro de lo judío. Si vivimos luchando por todo esto, eso no aporta, ni en la danza ni como ser humano y termina rompiendo algo. Y siento que hacemos algo bueno, que el Todopoderoso nos envía señales de que así es, ya que es un milagro que esto siga funcionando, sin tener un presupuesto fijo ordenado. Vamos recibiendo apoyo económico muy aislado y limitado, alguna donación…es increíble que esto siga.
¿Has tenido que lidiar con críticas del mundo religioso?
Por supuesto, hubo mucha resistencia, se plantearon muchas preguntas .Pero nada de eso me sorprendió, yo sabía que eso sucedería. Creo que ante todo, nuestra condición judía hace que seamos muy críticos. Cada uno siente que es el dueño de casa de lo que hace el otro. Ya conozco el fenómeno. Además, hay algo en la ortodoxia israelí que no comprende que hay un espectro amplio de ortodoxos. Y eso, sin mencionar siquiera el tema de reformistas y conservadores ya que esos no son los sectores a los que pertenezco. Mis hijos van a un jardín de infantes de Jabad, o sea que tengo mucho del mundo ortodoxo.
Pero creo que hay un problema desde el punto de vista de quienes determinan que si no hago tales y tales cosas o no me comporto de tal y tal manera, no soy parte. Eso sofoca y estoy en contra. No estoy de acuerdo con que me digan que si soy religiosa no puedo bailar delante de un hombre. Desde mi punto de vista, eso está equivocado. Hay Halajá, ley religiosa. Y la Halajá es lo que es, yo no la voy a cambiar, ni mis bailarinas lo harán. Pero cada judío debe hallar su forma de expresarse dentro de la Halajá. Y yo no puedo concebir mi existencia dentro de un mundo que determina otra cosa.
La crítica principal ha sido por el tema de que en el público que nos va a ver, hay hombres. Y por su presencia, hay quienes anulan toda nuestra existencia. Y eso a menudo me enoja mucho porque no es eso lo que determina si soy religiosa o no. No por eso surgió ni cayó la Torá. Hay una vida entera y a eso hay que prestar atención.
¿El público siempre es mixto?
Sí, hombres y mujeres, laicos y religiosos. Cuando actuamos en Jerusalem en general hay más religiosos que laicos y en Tel Aviv es al revés. Pero varía.
A MODO DE RESUMEN
Quien va a vuestro espectáculo ¿se percata enseguida de que este no es un conjunto como otros?
Sí. Ante todo, de entrada se nota que las bailarinas están vestidas un poco distinto de lo común. Se ve a Dalia sobre el escenario con la cabeza cubierta. Creo que también se nota sobre el escenario que hay entre las bailarinas un vínculo especial, porque todas vienen del mismo lado. Y a veces, en el contenido mismo de lo que hacemos, está lo distinto como algo evidente, pero no es que damos todo en bandeja sino que hay cosas entre líneas, que se intuyen. No va a haber mujeres rezando explícitamente en el escenario, pero puede haber cosas que den a entender que el tema es la plegaria.
Una vez recuerdo que amigos del mundo de la danza vieron una presentación nuestra y se dieron cuenta de que había todo un tema sobre el cabello de la mujer, por lo cual luego me comentaron que no sabían que para las mujeres religiosas era algo tan importante. Así que creo que lo que hacemos también despierta preguntas, abre horizontes.
¿O sea que aquí sientes que estás enriqueciendo a ambos mundos, el religioso y el de la danza?
A eso aspiro justamente. También en lo personal yo aspiro a existir en ambos mundos, vivo en ambos mundos. Con mi esposo vivimos en Tel Aviv en un barrio que no es religioso pero sí tradicionalista, Kerem HaTeimanim, donde hay mucha tradición pero la mayoría de la población es secular. No vivimos solamente entre religiosos y creo que eso es muy bueno. Por eso te decía que así como en la vida personal quiero tocar ambos mundos y pertenecer a ambos, también «Nehara» debe en cierta medida ser parte de ambos. Es que de allí tomo mi inspiración, mi fuerza y la ideología que me mueve.
¿Cuáles son los mensajes que deseas transmitir con todo esto?
A la danza israelí le quiero transmitir que somos judíos y que no debemos hacer caso omiso de ello. No es que esto se debe manifestar en cada creación pero es parte de nuestra identidad y creo que debemos manifestarla como parte de nuestro arte, aunque no la única por cierto. Y al mundo religioso le quiero decir que toda sociedad debe dedicarse también a este tipo de arte, que no podemos esquivarlo. Yo creo que es un arte que viene de la propia «shjina», de la Divina Presencia. Y si no nos dedicamos a ello, estamos perdiendo algo grande. Sería como no escuchar a Mahler o Bach. ¿Cómo se puede pasar la vida sin escuchar a Bach?