Moisés Kaufman es el autor de “33 variaciones”, la obra en cartelera que explora en el proceso creativo de Beethoven.Como “venezolano, judío y gay” se presenta al mundo Moisés Kaufman, el dramaturgo y director teatral nacido en Caracas en 1963 y que desde 1987 vive en Nueva York. Es el autor de 33 variaciones, la obra que estrenó en Broadway en 2009 la actriz Jane Fonda y que en Buenos Aires, por primera vez en castellano, protagonizan Marilú Marini y Lito Cruz en la calle Corrientes. “En la Calle 66, en Nueva York, entro una noche a una disquería, ya casi vacía, y pregunto sobre estas Variaciones de las que no sabía mucho. El vendedor me contó la historia sobre cómo surgieron. De inmediato, supe que tenía que escribirla. Me llevó cuatro años buscar la información para entender por qué Beethoven se había detenido tanto en ese vals, es decir, hice el mismo camino que Catalina en la obra”, dice el autor sobre este personaje (que interpreta sin esfuerzo, sutil como siempre, Marini), una musicóloga, que padece una enfermedad degenerativa, madre de una hija a la que no comprende, y que por resolver el enigma de las Variaciones Diabelli viaja a Alemania a internarse en los archivos. “La obra está hecha como variaciones, las escenas son variaciones unas de otras. Quería hablar acerca de dónde ocurre nuestra vida: ¿cuándo vamos en el automóvil hacia algún lugar? ¿cuándo miramos a los ojos a quien amamos intensamente? ¿cuándo nos dejamos llevar por una música? ¿cuándo hablamos con nuestros hijos? ¿dónde localizamos nuestra experiencia vital?”, pregunta.–¿Averiguó por qué se obsesionó Beethoven?–Pienso lo mismo que supone la protagonista, Catalina. Digamos que el trabajo del historiador permite acercarte, rodear el hecho, pero nunca sabrás la totalidad. Creo que era su oportunidad de entrar en contacto con la vida, a partir de esa música de taberna. También porque quería probar que podía crear algo magnífico a partir de algo insignificante; o porque Bach había hecho 32 (Variaciones Goldberg) y quería hacer una más; porque le permitía descansar mientras escribía la Novena; porque pensó que era un juego y porque Diabelli era su amigo, por esas cosas.–¿Es en la historia, presente y pasada, adonde encuentra los temas que le interesa escribir?–No me considero un autor únicamente de eventos históricos pero la realidad siempre me sorprende, mucho más que la ficción; supongo porque Dios tiene sentido del humor.Cuando Kaufman llegó a los Estados Unidos no conocía a nadie. Hijo de sobrevivientes del Holocausto, algo de lo itinerante del pueblo judío supone que lo ayudó. Cuando terminó sus estudios de teatro, le preguntó al rector cómo conseguir un trabajo. “Moisés –cuenta que le dijo–, aquí nadie te va a contratar, nadie te va a pagar para hacer tus experimentaciones, tienes que hacer tu propia compañía para que sea tu laboratorio. Fue el mejor consejo que me podían dar.” Comenzó entonces con su propio grupo, el Tectonic Theater Project. “Empezamos haciendo muchos autores europeos. Fueron los cinco años más dificiles de mi vida, un mes limpiábamos el piso y el otro, nos daban la sala. En las funciones, había más actores que público. Nunca lo olvidaré. Hasta que decidimos probar nuestras propias creaciones y no las de otros. Ahí fue el salto”. Su primera obra, estrenada en 1997, fue Gross indecency: the three trials of Oscar Wilde y se mantuvo dos años en cartel. Pero el mayor reconocimiento le llegó con la obra The Laramie Project, a la que siguieron la película y una segunda obra, el epílogo, diez años después.“En los Estados Unidos se producen por año mil crímenes contra la comunidad homosexual. Lo que me impresionó del asesinato de Mattew Shepard, en 1998, es por qué ese hecho y no los otros 999, se convirtió en un evento histórico, en un hito de los derechos humanos. Por eso, al año siguiente viajamos siete veces durante un año al pueblo, a Laramie a entrevistar a los vecinos. Repetimos a los diez años. La obra, en total, dura cinco horas y media, y puede verse en una o dos veces y permanece como una de las puestas más presentadas”.
Música con las palabras
27/Nov/2013
Clarín, ADN, por Leni Gonzalez