Murió Rafsanjani, el ex presidente iraní acusado por el ataque a la AMIA

09/Ene/2017

Clarín

Murió Rafsanjani, el ex presidente iraní acusado por el ataque a la AMIA

Sufrió un infarto. Tenía 82 años. La
justicia argentina pidió su captura por el atentado contra la mutual judía.
El ex presidente iraní Akbar Hashemi
Rafsanjani, uno de los arquitectos de la revolución islámica de 1979 y antigua
mano derecha del ayatollah Ruhollah Jomeini, murió hoy a los 82 años víctima de
un ataque cardíaco. Su figura fue conocida en la Argentina a partir de
denuncias que lo ligaron al atentado terrorista contra la AMIA en 1994.
Rafsanjani, que presidió el país entre 1989
y 1997 cuando Irán se recuperaba de la devastadora guerra que lo enfrentó al
Irak del fallecido y depuesto dictador Saddam Hussein, había sido internado por
la mañana en un hospital de Teherán afectado por una arritmia cardíaca y
finalmente sufrió un infarto letal, según las agencias de noticias ISNA y FARS.
Conocido por su pragmatismo conservador y
centrado en la revitalización económica por medio del fomento del sector
privado, el clérigo fallecido fue uno de los artífices de la revolución que
depuso al Sha Reza Pahlevi en 1979 y estableció un régimen religioso en el
país. Pero en círculos occidentales se lo conoció además como el representante,
en la complicada interna política iraní, del poder económico tradicional del
poderoso “bazaar” de Teherán, la burguesía que sostiene al régimen.
En 2006, Rafsanjani fue uno de los acusados
por la Justicia argentina por el atentado contra la Asociación Mutual Israelita
Argentina, que dejó 85 muertos y cientos de heridos. El régimen teocrático
rechazó esos cargos.
A sus 82 años, Rafsanyaní ha participado en
la mayoría de las elecciones celebradas en la República Islámica, aunque
durante las últimas dos décadas siempre resultó derrotado. Hasta los comicios a
la Asamblea de Expertos del pasado 26 de febrero cuando, con 2,3 millones de
sufragios, se convirtió en el candidato más votado de toda la historia de esta
cámara que nombra, supervisa y destituye al líder supremo. Sin embargo, no
presentó su candidatura a presidirla, lo que dejó vía libre a Ahmad Jannatí,
uno de los clérigos más conservadores del país elegido en el último puesto por
Teherán.
Su gesto frustró las esperanzas de muchos
reformistas que le habían apoyado y lo enfrentó al actual presidente Hasan
Rohani, que lo veía como una figura de peso para sostener su gobierno ante los
conservadores que responden al íider supremo, Alí Jamenei, con poder de veto en
todas las decisiones esenciales de la teocracia persa.
Como presidente, el plan de reconstrucción
de Rajsanjani tras ocho años de guerra con Irak marcó el rumbo económico para
las siguientes décadas y su estrategia de desarrollo.
El ocaso de Rafsanjani empezó en la cima de
su poder, cuando la gente empezó a llamarlo “Akbar Shah” (Rey Akbar) por la
fortuna que había amasado, aunque sus seguidores preferían verlo como un Deng
Xiaoping iraní.
Pero fue el ultraconservador Mahmud
Ahmadinejad quien durante su presidencia (2005-2013) puso coto al imperio
económico de la familia Rafsanjani y neutralizó sus mecanismos políticos. A
partir de entonces, el viejo clérigo tuvo que conformarse con la limitada
influencia que le confería encabezar el Consejo de Discernimiento y la Asamblea
de Expertos, dos organismos que supervisan la legislación.
A medida que disminuía el poder de
Rafsanjaní, el ayatolá Jamenei, su gran rival político, consolidaba su
liderazgo y se convertía en el verdadero mandamás del régimen teocrático iraní.