Mujeres radicalizadas detrás de un velo

30/Sep/2014

Clarín, Revista Ñ, Por Homa Khaleeli

Mujeres radicalizadas detrás de un velo

Guerra. El Estado
Islámico está reclutando mujeres a través de redes sociales. La Yihad crece en
número y continúa con las decapitaciones.Una joven tuitea
alborozada a dos amigas británicas: “Estoy preparando panqueques y hay Nutella,
ya vuelvo”. Sus amigas bromean en respuesta: “Vuelve a las 4 yo los termino
mwhaha :p”. Salpicado de emoticones y jerga, difícilmente pueda tratarse de un
intercambio siniestro, hasta que queda claro que las tres se han sumado a
Estado Islámico (Isis) y usan sus cuentas en medios sociales para alentar a
otras mujeres a sumárseles en Siria.
A medida que crece la
alarma sobre los hombres británicos que se han unido a los militantes, incluido
el que se cree asesinó a los periodistas Steven Sotloff y James Foley, los
especialistas dicen que se presta mucho menos atención a una campaña de
reclutamiento de los miembros de Estado Islámico, los cuales, a instancias de
su líder, Abu Bakr al-Baghdadi, atraen a mujeres y niñas a la causa. Agrega que
es muy poco lo que se hace en relación con cuentas online como la mencionada en
el contexto de la guerra de propaganda.
Melanie Smith, del Centro
Internacional para el Estudio de la Radicalización del King’s College, ha
seguido las cuentas de redes sociales de 21 mujeres británicas que se
incorporaron a Isis. Entre ellas, las mellizas de 16 años Zahra y Salma Halane,
de Manchester; y la ex estudiante de radiología de Glasgow Aqsa Mahmood, de 20
años, que exhortó a los musulmanes a lanzar atentados terroristas en Occidente.
Tuiteó: “Si no pueden llegar al campo de batalla, traigan el campo de batalla a
ustedes.” Smith dice que nadie sabe con exactitud cuántos de los 500 británicos
que se cree han viajado a Siria para incorporarse al grupo, son mujeres, pero
estima que hay alrededor de 200 mujeres occidentales en el país. Ese total, sin
embargo, ha crecido desde que el territorio de los insurgentes (franjas de
tierra que suman alrededor de 90.000 kilómetros cuadrados en Siria e Irak) fue
declarado un califato. “El efecto de atracción es más fuerte ahora que Baghdadi
ha convocado a las mujeres”, señala Smith. Agrega que la atracción reside en la
oportunidad de contribuir a fundar una nueva sociedad basada en la
interpretación fanática del islam que impulsa Estado Islámico. “Se puede ser
testigo del proceso de construcción del estado”, dice.
Al observar la vida
online de las mujeres que se han sumado al grupo extremista se lee una mezcla
de citas religiosas, glorificaciones de asesinatos, charla banal y memes de
Internet, a lo que se suman imágenes de puestas de sol y fotos de gatos subidas
a Instagram.
Una mujer hasta postea
una selfie con dos amigas, todas irreconocibles bajo niqabs (velo) que ocultan
hasta sus ojos. Una de ellas levanta un dedo negro enguantado como saludo de
Isis. Otra protesta porque no se entiende el humor británico (“nadie entiende
nuestras bromas”), para luego justificar la decapitación de Foley. “¿Así que
Estados Unidos quiere bombardearnos con ataques aéreos en Irak sin importarle
quién muera pero quiere que lloremos cuando se mata a un periodista?” tuitea.
La página de Tumblr de
Mahmood aconseja a mujeres que van a viajar. Esta semana, sus padres dijeron
que no podían creer que su “dulce, inteligente y pacífica” hija hubiera viajado
a Siria y se hubiera casado con un yihadista. Ahora se ha sumado a una
comunidad de combatientes extranjeros y sus esposas en la ciudad de Raqqa y
parece decidida a usar su posición para convencer a otras de que se sumen.
Smith dice que el perfil
de las reclutas de Isis ha cambiado. “Son más jóvenes”, señala, por lo general
de 19 o 20 años. No parecen ser demasiado fanáticas en términos religiosos. Los
primeros reclutas de Estado Islámico habían practicado una interpretación
extrema del islam toda su vida. Las mujeres que responden ahora, señala,
“buscan aventuras, al igual que los hombres jóvenes.” Sin embargo, es evidente
a partir de los comentarios posteados online que a muchas también les atrae la
idea de casarse con un combatiente extranjero, al que se ve como una figura
heroica dispuesta a sacrificarse por una causa.
“El perfil es muy
heterogéneo en Europa. En Gran Bretaña, muchas proceden de familias de segunda
generación del sur de Asia, ya que esa es aquí la mayor comunidad musulmana.
Algunas han abandonado la escuela y hay un par de estudiantes universitarias”,
dice Smith.
Sasha Havlicek, del
Instituto de Diálogo Estratégico, dice que las británicas desempeñan un
importante papel en la “brillante” estrategia de comunicaciones online de Isis,
ya que impulsan la argumentación del grupo de que está combatiendo contra una
sociedad occidental “decadente y corrupta en términos morales”, que no respeta
a las mujeres. Para esa “generación (de jóvenes) de la era de los videojuegos”,
señala Havlicek, la yuxtaposición de brutalidad con propaganda “tierna” (como
imágenes de gatitos que juegan sobre Kalashnikovs) es crucial.
Por ahora, es evidente
que las mujeres no son más que las porristas de los asesinatos. Las mujeres que
integran el grupo podrán tuitear sobre practicar tiro o postear fotos de sus
armas, pero los expertos dicen que no hay pruebas de que se les permita
combatir sino que se espera que se casen, se ocupen de la casa y críen una
nueva generación, además de fortalecer el relato de que no se trata de un grupo
terrorista sino de un estado al que todos los musulmanes deben sumarse.
El hecho de dejar su país
de origen (sin conocimiento o autorización de los padres), elegir un marido y
unirse a una cerrada “hermandad” para llevar una vida “islámica” es presentado
como el ejemplo máximo de capacidad de acción femenina, dice Havlicek. Los
hombres y las mujeres, sostiene Isis, tienen el mismo deber de contribuir a
crear una califato islámico y ambos ascienden en estatus al convertirse en
“mártires” durante el proceso… o por estimular a sus seres queridos para que
renuncien a su vida por la causa.
No todas las mujeres y
las niñas están satisfechas con esto, señala Smith. “Las más jóvenes no piensan
más que en combatir pero saben que no pueden pasar por encima de las
autoridades”. En su blog, Mahmood reconoce esta frustración, y esta es una de
las preguntas que con más frecuencia “recibe de las hermanas”: “Hablo en
serio…, no hay absolutamente ningún modo en que las hermanas puedan
participar en los Qitaal (combates)… Ninguna amalia istishihadiya
(operaciones de martirio) o un katiba (batallón) secreto de hermanas. Son todos
rumores”.
En cambio, pone el acento
en criar a los hijos “por el bien de Alá”.
Nuevos terrorismos
Katherine Brown del
departamento de estudios de defensa del King’s College destaca que hay una
larga historia de mujeres que planean y ejecutan atentados terroristas, desde
Irlanda del Norte a Sri Lanka. Organizaciones que al principio se oponían por
motivos religiosos (como Hezbollah) más tarde permitieron que se convirtieran
en atacantes suicidas o combatieran. “Se supone que la radicalización es algo
que les ocurre a los hombres y los chicos varones”, dice. “Las estadísticas
muestran que entre 1981 y 2007 las mujeres fueron responsables de
aproximadamente el 26 por ciento de todos los atentados suicidas y que hubo un
marcado aumento de la participación desde 2005”.
Smith sostiene que hay
una enorme variación en la ideología de los miembros occidentales de Isis y que
es un error pensar que todos reclaman que haya atentados terroristas en
Occidente. Dice que ninguna de las mujeres con que habló está pensando en
volver a casa. “Lo ven como emigrar a una vida mejor. Dicen sentirse libres”.
Sara Kahn, de la
organización de derechos humanos y antiterrorismo Inspire, señala que se debe
prestar más atención a las mujeres, en particular porque muchas sienten que el
Reino Unido es cada vez más hostil hacia los musulmanes. Como las mujeres
musulmanas tienen más probabilidades de ser víctimas de ataques islamofóbicos
que los hombres y se topan con obstáculos como niveles más bajos de empleo y
calificación que el total de la población, esto puede reforzar los sentimientos
de estar privadas de sus derechos.
“Estos jóvenes son la
generación del 11-S, y constantemente se les dice que el problema son los
musulmanes que hay en el país”, afirma. Los informes de los medios referidos a
las mujeres musulmanas no han sido de ayuda. “En el último año, los debates en
su totalidad versaron sobre la segregación de género, el niqab , la histeria
sobre la carne halal (aceptable según la sharia), la comisión centrada en las
organizaciones solidarias islámicas. Eso hará que se distancien. Y buscarán
algo que les ofezca pertenencia”.
La vieja generación es
más propensa a tener una interpretación del islam influenciada por la cultura,
transmitida por medio de las normas de la comunidad y la tradición oral, dice
Khan. Las mujeres jóvenes podrían rebelarse contra esto, utilizando la religión
como desafío a las restricciones de sus padres respecto de todo, desde los
matrimonios arreglados a la educación. Esto puede ser problemático, sostiene
Khan, si eligen como guía fuentes ultraconservadoras. Esas ideas últimamente
ganaron terreno, opina, mientras que las interpretaciones tradicionales han
sido sofocadas. “Se tiene la idea de que cuanto más de línea dura sea la interpretación
que uno tiene, más auténtica es. Y eso no es en absoluto así. No es cierto en
lo que hace a la ley islámica”.
Unirse a grupos
extremistas también puede verse como algo “de onda”, mientras que la falta de
un sentimiento de pertenencia llevó a un renovado interés e identificación con
la Ummah, la comunidad mundial de musulmanes.
Muchas mujeres que
viajaron a Siria mencionan los horrores del conflicto sirio como factor de
motivación, dice Smith. Khan coincide en que el enojo con la política exterior
tiene un papel importante en los jóvenes que se ven seducidos por el extremismo
–algo que reconoció la baronesa Warsi cuando dijo que la falta de reacción
británica a las crisis de Gaza fue la “base de una radicalización que podría
tener consecuencias durante años”.
La fuerte identificación
con los sufrimientos de los musulmanes del exterior, sumada al enojo por la
política exterior británica, puede usarse para sugerir que la Ummah está siendo
atacada y necesita que la defiendan. Los padres de Mahmood, por ejemplo,
dijeron que ella estaba desesperada por ayudar a los que sufrían en Siria, y
Smith sostiene que la indignación por las acciones israelíes en Gaza también
podría ayudar a los grupos extremistas a reclutar nuevos miembros.
Sajda Mughal de Jan Trust,
organización solidaria que ha puesto en marcha programas para ayudar a las
mujeres marginadas a oponerse al extremismo, dice que muy pocos padres son
conscientes del enojo de sus hijos con la política exterior y que necesitan
asesoramiento sobre cómo canalizarlo hacia un compromiso político tradicional.
Las políticas del gobierno como Prevent hicieron que las comunidades musulmanas
sintieran que estaban siendo vigiladas y no podían confiar en la policía, dice
Brown.
Shaista Gohir, de la
Muslim Women’s Network, dejó de colaborar con Prevent por esta razón. Hace
cuatro años, se puso en contacto con ella una mujer que se había ido de un
grupo extremista y ella se lo comunicó al Ministerio del Interior, con la
esperanza de que la mujer les sirviera a sus funcionarios para conocer algo más
sobre el proceso de radicalización. “Uno no encuentra con frecuencia mujeres
que hayan roto con estos grupos y estén dispuestas a hablar”, señala. En
cambio, los servicios de seguridad trataron de reclutar a la mujer como espía.
“No les importó su seguridad”, dice Gohir. “Si alguien tiene la valentía de
hablar, uno no debe tratar de sacar provecho de su vulnerabilidad como hacen
los extremistas”.
Smith opina que las
cuentas de los medios sociales deben cerrarse más rápido para impedir las
actualizaciones en tiempo real desde el campo de batalla. Havlicek quiere que
se canalicen fondos de manera discreta para dar apoyo a las voces de disenso
creíbles online. Pero, sobre todo, las jóvenes musulmanas necesitan que las
ayuden a volver a comprometerse con la política, dice Brown. “Si uno piensa que
en el sistema político no hay nadie que cuide sus intereses, ¿por qué habría de
escucharlo?” Para algunos, la alternativa es clara. En Ask.com, una adolescente
escribe: “Literalmente no tengo un centavo para ir (a Siria) y no puedo pedir
créditos…, porque soy demasiado chica. ¿Me pueden ayudar de alguna manera?”
La respuesta de los autodenominados yihadistas no se hace esperar: “Envíanos un
mensaje en privado”.