LOS CHUETAS MALLORQUINES
Los chuetas son un grupo social, localizados en la isla de
Mallorca. Eran los descendientes de los judíos mallorquines convertidos al
cristianismo, que permanecieron en la isla cuando los judíos fueron expulsados.
Los chuetas han conservado a lo largo de la historia la conciencia colectiva de
su origen, al llevar alguno de los apellidos, de linaje converso, afectado por
las condenas inquisitoriales por ser acusados de cripto-judaísmo en el último
cuarto del siglo XVII, o por estar estrechamente emparentados con ellos.
Históricamente los chuetas siempre han sido estigmatizados y
segregados, por lo cual, y hasta la primera mitad del siglo XX, han practicado
una estricta endogamia que como veremos en los otros dos pueblos, también se
da. Hoy en día, entre 18.000 y 20.000 personas en la isla son portadoras de
alguno de los apellidos típicos de los conversos.
La iglesia mallorquina hizo grandes esfuerzos desde
finales del siglo XIV para conseguir la conversión de los judíos de la isla.
Sin embargo, sus éxitos fueron prácticamente nulos. (En la imagen: Tribunal de
chuetas).
Esta situación cambió a raíz del asalto a las juderías
mallorquinas producidas en el año de 1391. ¿Qué sucedió? La aristocracia mallorquina estaba expoliando
a los payeses y estos se rebelaron contra dicha situación. La aristocracia
mallorquina ante el temor de esta revuelta, se refugió en el castillo de
Bellver. Éstos consiguieron que estas demandas se centraran como ya era
habitual en los judíos y al grito “solo los judíos son la causa de nuestros
males” iniciaron el asalto del barrio del Segell.
Fruto de este ataque se produjeron más de trescientos judíos
muertos, al que pudo supervivir se le robó todo, abocándoles a la miseria. Se
les prohibió practicar su religión, disponer de su propiedades, no podían
comprar o vender. Aquellos judíos que sus casas fueron quemadas se les
prohibieron comprar casa nueva. Se les impedía que abandonaran las islas y el
que lograba fugarse, sus bienes eran confiscados a los treinta días de su
desaparición. El objetivo era cristianizarlos a la fuerza.
Junto a este hecho, debemos unir las predicaciones
realizadas por San Vicente Ferrer en el año 1413, que intentaba convertir al
mundo judío. Estos acontecimientos provocan situaciones de riesgo y peligro
para el mundo judío. Debido a esto, se produjeron las conversiones en masa en
el año 1435 de todos aquellos que deciden permanecer en la isla. Un número
indeterminado salió hacia otras partes del Mediterráneo.
¿Qué sucedió? Los judíos mallorquines fueron acusados de
practicar en un esclavo árabe los mismos tormentos que los judíos habían
practicado con Jesucristo en Jerusalén. Los jueces decidieron que los
principales dirigentes fueran quemados vivos después de ahorcarlos. Esto
produjo tal pánico que los judíos acudieron en procesión a la catedral,
pidiendo a voz en grito ser convertidos y bautizados a la iglesia de
Jesucristo.
Esto dio lugar al surgimiento de la figura del converso, que
posteriormente dará lugar a la persecución de los apóstatas. A lo largo de la
historia de España veremos cómo constantemente son denigrados y perseguidos
saltándose cualquier derecho humano mínimo.
Con la creación de la Inquisición en el año 1478, el
problema de los chuetas crece. Los conversos se convierten en el centro de su
actuación y hacen de chivo expiatorio cuando surgen problemas sociales y se
producen las pandemias de hambre, de esta forma poder aplacar la revoluciones
de los pobres y mantener a salvo los intereses de los poderosos.
Fue en el año 1488, cuando llegan los primeros inquisidores
a Mallorca del tribunal instituido por los Reyes Católicos, que estaban en
proceso de crear un Estado-nación. Para ello necesitaban una uniformidad social
y religiosa, por lo que sobraban los judíos y los moriscos en el país, de ahí
viene su expulsión de todos aquellos que no se conviertan al cristianismo.
La llegada de la Inquisición a la Corona de Aragón, supuso
un gran número de quejas y muestras de rechazo generalizado. Su objetivo
central fue la represión del mundo del judaísmo. Aplicaron los Edictos de
Gracia, procedimiento de autoinculpación por herejes que conlleva condenas
severas.
Estos Edictos de Gracia de los años 1488 /1492, consiguieron
que la nada desdeñable cifra de 559 mallorquines, reconocieron que realizaban
prácticas judaicas. Gracias a esto, la Inquisición obtuvo los nombres de la
mayor parte de los judaizantes mallorquines, sobre los cuales, junto con sus
familias y sus círculos más próximos, sufrieron una durísima represión.
Hasta el año 1544, 239 se adhirieron al
cristianismo. Además, sufrieron cárcel 537, de los cuales fueron ajusticiados
ochenta y dos mediante las hogueras, y el resto, 455 murieron en la cárcel o se
fugaron de la misma. (En la imagen: La tortura de los chuetas).
El periodo de tiempo que va del año 1545 a 1673 se
caracteriza por la reducción del número de chuetas, debido a la huida o por la
adhesión incondicional al catolicismo de la mayor parte de los que quedaron. En
esta época, se comenzó a dar los estatutos de limpieza de sangre a las
organizaciones gremiales y órdenes religiosas.
Sin embargo, unos pocos conversos que se concentraron en
torno a algunas calles, que eran integrantes de organizaciones gremiales y
mercantiles específicas, seguían practicando el judaísmo, lo que hizo que
tuvieran una gran endogamia.
El fiscal de la Inquisición Juan de Fontamar envió en el año
1632 un informe a la Suprema Inquisición. En dicho informe acusaba a los
conversos mallorquines de treinta y tres cargos, entre los que cabe destacar la
negativa a casarse con cristianos viejos, la práctica del secretismo, junto a
la imposición de nombres de origen judío a sus hijos. Además, la identificación
de la tribu de origen y la concertación de matrimonios en función de este
hecho. (En la imagen: Portada de la segona edició de «La Fee
triunfante…» 1755).
También cabe destacar el desprecio e insultos a los
cristianos, junto al ejercicio de profesiones relacionadas con pesos y medidas,
con el fin de engañar a los cristianos; obtención de cargos dentro de la
iglesia, para después burlarse con impunidad; aplicación de un sistema legal
propio; realización de colectas para sus pobres; financiación de una sinagoga
en Roma; y la realización de reuniones clandestinas;
Junto a todo esto, estaba el seguimiento de prácticas
dietéticas judías, incluidas las del sacrificio de animales y las de los
ayunos, además de la observancia del Sabbat, la evitación de los servicios
religiosos en el momento de la muerte. Sorprendentemente, la Inquisición no
actuó en aquel momento.
Los descendientes de conversos inician un fuerte proceso de
enriquecimiento económico y de influencia comercial en el año 1640.
Normalmente, los chuetas trabajaban como artesanos, tenderos y distribuidores
al detalle. Pero algunos, empiezan a destacar en otras actividades económicas
creando compañías mercantiles complejas, participando del comercio exterior,
llegando a controlar el 36% del comercio mallorquín, dominan el mercado
asegurador y la distribución minorista de productos de importación.
Estas empresas son regentadas habitualmente, sólo por
conversos y destinan parte de sus beneficios a obras de caridad en el seno de
la comunidad, a diferencia del resto de la población, que acostumbra a hacerlo
a la iglesia.
Este potente desarrollo económico del sector de los
conversos, configura un sistema de estratificación social interna, que crearía
una especie de aristocracia del resto del grupo, más tarde denominados
respectivamente orella alta y orella baixa, y otras distinciones basadas en la
religión, la profesión y el parentesco, que configuran una serie de alianzas
entre algunas familias, las cuales tienen una gran influencia en las prácticas
endogámicas de la época.
Durante más de ciento treinta años la presencia de los
judíos conversos desaparece, pero es a partir del año 1670 cuando se vuelve
hacer frecuente en la documentación tanto gremial, fiscal, inquisitorial,
cuando se vuelve a poner de actualidad la existencia del grupo social de los
chuetas.
¿Por qué vuelve a actuar la Inquisición?
Las causas no están suficientemente claras, por un lado las
necesidades financieras, que muestra Corona y por otro, la preocupación de
sectores económicos decadentes ante el ascenso y dinamismo comercial de los
conversos, la reanudación de prácticas religiosas en comunidad, en lugar de
limitadas al ámbito doméstico.
Un comerciante informaba a la Inquisición en julio de 1672
que unos judíos de Livoro (Italia) le habían pedido referencias sobre los
judíos de Mallorca llamados Forteses, Aguilóns, Tarongins, Cortesos, Picons,
etc. En el año 1673, un barco con un grupo de judíos expulsados de Orán
(Argelia) por la corona española y con destino en Livorno, hizo escala en la
Ciudad de Mallorca.
La Inquisición detuvo a un joven de unos diecisiete años,
nacido en Madrid, que de niño huyó a Berbería, la actual Argelia, con sus
padres conversos. Este joven se negó al arrepentimiento y finalmente fue
quemado vivo en Mallorca en el año 1675.
Su ejecución provocó una gran conmoción entre los
judaizantes, a la vez que fue objeto de gran admiración por su persistencia y
coraje. Este mismo año, unas criadas de conversos informaron a su confesor del
conocimiento que tenían de las ceremonias judaicas que practicaban sus amos, a
los cuales habían espiado. (En la imagen: Escudo de la Inquisición usado en
Mallorca).
La Suprema Inquisición ordena a la Inquisición mallorquina
actuar sobre el caso de la confesión de las criadas en el año 1677. En ese año
los observantes que eran los seguidores de la Ley de Moisés se reunían en un
huerto de la ciudad, donde celebraban el “día del perdón”, el Yom Kipur judío.
Se procedió a la detención de Pere Onofre Cortès, que era el amo de una de las
criadas y propietario del huerto, junto con cinco personas más. A partir de
este hecho se detiene a lo largo de un año a 237 personas.
Ayudados por funcionarios corruptos, los acusados pudieron
acordar sus confesiones, sólo dieron muy poca información y delatar al mínimo
número de conversos. Todos los acusados solicitaron el retorno a la iglesia y
fueron acogidos nuevamente en la misma. Estos procesos son conocidos con el
nombre de la conspiración.
La sanción que impuso la Inquisición consistió en la
confiscación de todos los bienes de los condenados, valorados en dos millones
de libras mallorquinas, que fueron ingresadas en moneda circulante que
representaba unas 654 toneladas de plata.
Se celebraron cinco Autos de fe en la primavera del año de
1679. El primero de los cuales fue precedido por la destrucción, y siembra de
sal en el huerto donde se reunían los conversos. Se pronunció una sentencia
condenatoria contra 221 conversos. Los que tenían condena de prisión, serían
llevados a cumplir la pena en las nuevas prisiones que había edificado la
Inquisición con los bienes confiscados.
En medio de este proceso, un hecho precipitó una nueva
oleada inquisitorial. Rafel Cortès se había casado en segundas nupcias con una
mujer de religión católica. Sus familiares no lo felicitaron por la boda y lo
acusaban de malmezclado.
Rafel Cortés por despecho denunció a algunos conversos ante
la Inquisición. Sospechando que había habido una delación general se acordó una
fuga en masa. Un gran grupo conversos se embarcaron ilegalmente el siete de
marzo del año 1688 en un barco inglés con destino a la ciudad holandesa de
Ámsterdam, pero el barco no pudo zarpar por un repentino temporal y de
madrugada los conversos embarcados volvieron a sus casas. La Inquisición fue
advertida y todos fueron detenidos.
Estos procesos duraron durante tres años, con un estricto
régimen de aislamiento, que evitó cualquier componenda, lo que debilitó la
cohesión del grupo. La Inquisición, en cuatro autos de fe, condenó a ochenta y
ocho personas en el año 1691; de estas, cuarenta y cinco fueron encarceladas:
cinco quemadas en estatua y treinta y siete, quemadas vivas. Lo presenciaron
treinta mil personas. (En la imagen: Portada interior de La Sinagoga Balear).
Estas condenas comportaban otras penas que debían aplicarse
durante al menos dos generaciones. Los familiares directos de los condenados,
así como sus hijos y nietos, no podían ocupar cargos públicos ni ordenarse
sacerdote. Estas dos sanciones siguieron vigentes como llevar joyas por la
fuerza de la costumbre, más allá de las dos generaciones estipuladas.
Ya en el siglo XVIII, la Inquisición llevó a cabo dos
procesos individuales. En el año 1718, Rafel Pinya se auto inculpó
espontáneamente y fue reconciliado. El otro caso fue en el año 1720 cuando
Gabriel Cortès, que se había fugado a Alejandría (Egipto) y convertido
formalmente al judaísmo, fue encarcelado y quemado en estatua, siendo el último
condenado a muerte por la Inquisición mallorquina. Es a partir de estos últimos
hechos, cuando se puede empezar a hablar, en su sentido moderno, de los
chuetas.
El jesuita y teólogo Francesc Garau publicó en el año 1691
“La Fee Triunfante en quatro autos celebrados en Mallorca por el Santo Oficio
de la Inquisición en qué an salido ochenta i ocho reos, i de treinta, i siete
relajados solo uvo tres pertinaces”. La finalidad la intención del libro era
perpetuar el recuerdo y la infamia de los conversos y contribuyó notablemente a
dar las bases ideológicas a la segregación de los chuetas y a perpetuarla.
Fue reeditado en el año 1755. Se usó como base argumental
para intentar limitar los derechos civiles de los chuetas. Debemos saber que en
el siglo XX se ha vuelto a reeditar, aunque con intención contraria a la de su
autor.
Cuando se produce la Guerra de Sucesión entre los Borbones y
los Austrias, los chuetas se dividieron. La dinastía francesa era percibida
como un elemento de modernización en materia religiosa y social, esperándose de
ella una actitud muy distinta a la represión y discriminación, que se había
sufrido a lo largo de la dinastía de los Austrias.
Un pequeño núcleo de chuetas, comandado por Gaspar Pinya,
importador y negociante de ropas y proveedor de la nobleza botifler, participó
de manera muy activa en favor de la causa felipista. Debemos saber, que el
conjunto del Reino de Aragón apoyaba incondicionalmente a los Austrias La conspiración fue descubierta en el año
1711 y sufrieron prisión y embargo de sus bienes, aunque, al finalizar el
conflicto, serían recompensados con el privilegio de llevar espada o con
oficios públicos no remunerados.
Se designaron un grupo de seis diputados en el año 1773,
conocidos popularmente con el nombre de perruques, que demandaron al rey Carlos
III la plena igualdad social y jurídica con el resto de mallorquines.
Las Cortes realizaran consultas a las instituciones
mallorquinas, pero estas se opusieron a las pretensiones de los descendientes
de los conversos. Todo llevó a un largo y costoso proceso, en el cual las
partes pusieron sobre la mesa sus argumentos de manera apasionada. Los
documentos elaborados dan fe, de hasta qué punto la discriminación era un hecho
con profundas raíces ideológicas y de la perseverancia en sus exigencias de
igualdad. Sin embargo, las Cortes habían mostrado su total acuerdo con las
demandas de los chuetas.
En octubre del año 1782, a pesar del apoyo de las Cortes, el
fiscal de la Real Audiencia de Mallorca y de saber que el resultado de las
deliberaciones había sido favorable a los chuetas, elevó un memorial,
acompañado de argumentaciones de alto contenido racista, en el que se proponía
la suspensión del acuerdo y el destierro de los chuetas a Menorca y Cabrera,
donde serían confinados con fuertes restricciones de su libertad.
Finalmente, el rey se inclinó tímidamente en favor de los
chuetas y el veintinueve de noviembre del año 1782, se firmó la Real Cédula,
decretándose la libertad de movimientos y residencia, la eliminación de
cualquier elemento arquitectónico distintivo del barrio del Segell, la
prohibición de insultos, maltratos y el uso de expresiones denigrantes.
El rey se muestra favorable a concederles plena libertad
profesional y participación en la marina y el ejército. Ordenó que estas
disposiciones no se hiciesen efectivas hasta que, pasado un tiempo, se calmaran
los ánimos.
Con la llegada de la Constitución de 1812, se suprime la
Inquisición que tanto daño había hecho a los chuetas y plantea la igualdad
civil, lo que hace que los chuetas apoyen con entusiasmo la causa liberal.
Cuando se producen gobiernos liberales progresistas en
España, los chuetas crean sociedades recreativas y de socorros mutuos, e
incluso entran en las instituciones de la mano de los partidos liberales. El
primero fue Onofre Cortès en el año 1836, siendo designado concejal del
Ayuntamiento de Palma. Por primera vez desde el siglo XVI, un chueta ocupaba
cargos institucionales. A partir de ese momento, será habitual su presencia en
el Ayuntamiento de Mallorca y en la Diputación Provincial.
Se produce una dualidad de planteamientos en los últimos
años del siglo XIX dentro de los chuetas, por un lado hay un grupo minoritario
pero influyente, que era liberal y posteriormente se hará republicano y
anticlerical, que se muestra beligerante en la lucha por la liquidación de
cualquier rastro de discriminación El otro grupo, que era mayoritario, era
ideológicamente conservador, fervorosamente religioso y se mostraba partidario
de pasar desapercibido.
Las familias acomodadas dieron a sus hijos una elevada
formación intelectual y jugaron un importante papel en los movimientos
artísticos que se dan en Mallorca en esa época. Hay que destacar el papel
primordial que tuvieron en la Renaixenca catalana, en la defensa de la lengua y
en la recuperación de los Juegos Florales.
Destaca la figura de Josep Tarongí Cortés que era sacerdote
y escritor. Cursó estudios religiosos con dificultades, se tuvo que ordenar,
licenciar y obtener una canonjía fuera de Mallorca a causa de su origen.
Protagonizó la mayor polémica sobre la cuestión chueta del siglo XIX, al serle
prohibido predicar en la iglesia de Sant Miquel en el año 1876. Esta prohibición
provocó un debate con otro eclesiástico Miquel Maura, que era hermano del
político Antonio Maura, que tuvo una gran trascendencia dentro y fuera de la
isla.
Se producen cambios en Mallorca en el primer tercio del
siglo XX, pues se inicia su expansión demográfica fuera de las murallas y de
esta manera atrajo a nuevos residentes para los cuales la condición de chueta
no significaba nada. La economía mallorquina evolucionó hacia modelos menos
tradicionales, empezándose a alterar la adscripción profesional por razón de
nacimiento.
Entre enero y octubre del año 1923, el urbanista y político
Guillem Forteza Pinya fue alcalde de Palma. Durante la Dictadura del general
Primo de Rivera, será alcalde de Palma, Joan Aguiló Valentí y también Rafel
Ignasi Cortès Aguilar.
Durante la Segunda República, el laicismo que se aplicó hizo
que gran parte de los chuetas simpatizaran con el nuevo modelo de Estado, de la
misma manera que anteriormente lo habían hecho con las ideas ilustradas y
liberales, Durante la época
republicana, por primera vez, ofició un sacerdote chueta el sermón en la
catedral, hecho que tuvo gran importancia simbólica.
Con la llegada de la Dictadura de Franco se hicieron “listas
y encuestas” para un eventual control de los chuetas, a los cuales se
consideraban vinculados a los judíos europeos y así preparar su eventual
deportación a los campos de exterminio nazis. El obispo Miralles ordena hacer
un informe para saber el número de afectados. Dicho informe eleva muchísimo el
número de chuetas, con la finalidad de hacer imposible su deportación.
El prejuicio contra los chuetas empezó a desaparecer
irreversiblemente con la implantación de un modelo económico basado en la
explotación industrial del turismo, a partir de la década de los años cincuenta,
causante de grandes cambios demográficos y del crecimiento urbano que ha
alterado definitivamente la estructura social tradicional.
Se publica el libro “Los descendientes de los Judíos
Conversos de Mallorca. Cuatro palabras de la verdad” en el año 1966, escrito
por Miquel Forteza i Pinya que provocó una gran polémica sobre la cuestión
chueta.
En este momento se puede situar simbólicamente el
arrinconamiento al ámbito privado de las actitudes discriminatorias,
desapareciendo, prácticamente, sus expresiones públicas. (En la imagen:
Penitenciado chueta por Francisco de Goya).
La libertad de culto privado establecida por las leyes del
final del franquismo, propicia el contacto con el judaísmo. El judaísmo y los
chuetas han tenido una relación de cierta ambivalencia por el hecho de tratarse
de judíos de tradición cristiana, hecho no contemplado por las autoridades
políticas y religiosas de Israel.
En distintos momentos históricos, surgen personajes
singulares que destacan por su lucha en favor de la igualdad de derechos de los
chuetas. Por el contrario, la sociedad circundante, especialmente las
instituciones civiles y religiosas, se armaron de un corpus doctrinal de
resistencia a la igualdad, a partir de “La fe triunfante”, que se desarrolla en
el siglo XVIII y ha perdurado hasta el XX.
Los pueblos malditos de España
05/Mar/2018
Nueva Tribuna, España, Por Edmundo Fayanas Escuer