La mujer,
como objeto que sirve para procrear y estar sometida a labores exclusivamente
domésticas es un mensaje explícito en este proyecto de ley que excluirá del
mercado laboral a las que decidan no casarse, no tener hijos e inclusive las
que por cuestiones biológicas no puedan llegar a ser madres. También se les
negará el acceso a métodos anticonceptivos.
Amnistía
Internacional elaboró un informe titulado “Procrearás: Ataques contra los
derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Irán” en el que se detalla
los métodos por los cuales las autoridades iraníes pretenden aumentar la
natalidad vulnerando los derechos de las mujeres.
El
proyecto de ley 315 que se debatirá en abril a nivel parlamentario exalta la
familia lo que obrará como una “consolidación de la discriminación de género”
ante las mujeres que no quieran casarse, no esté dentro de sus proyectos la
maternidad o tengas impedimentos físicos para concebir.
Se
priorizará a los hombres casados con hijos y mujeres casadas con hijos para
cubrir vacantes a nivel laboral excluyendo prácticamente a las mujeres con
otras decisiones.
También
se ponen trabas para divorciarse, no se alienta la participación policial ni
judicial en conflictos nivel familia lo que aumenta el riesgo de violencia que
la mujer pueda sufrir en ámbitos privados.
La
sugerencia de no trabajar ni estudiar para dedicarse por entero a la casa y a
la crianza de los hijos hasta no cumplir con esa labor considerada “esencial” y
casi la única que puede cumplir una mujer está en el decreto de forma
indisimulable.
El
sistema parece no visualizar las mujeres iraníes que hasta poco tiempo formaban
parte de las personas que obtenían licenciaturas universitarias en mayor
número, y formaban parte del 17% de la mano de obra del país.
El
proyecto de Ley 446 que está enfocado a aumentar tasas de fecundidad y prevenir
el descenso de la natalidad, prohíbe la esterilización voluntaria, (segundo
método de anticoncepción en Irán) impide el acceso a la información sobre otros
métodos anticonceptivos con lo que la decisión de ser madre o no se vería
esencialmente vulnerada. Esto decididamente aumentará los abortos ilegales y el
riesgo de contraer enfermedades de contagio sexual.
Hassiba
Hadj Sahraoui, directora adjunta del Programa Regional para Oriente Medio y el
Norte de África de Amnistía Internacional, habla de una cultura peligrosa que
despoja a la mujer de derechos fundamentales como si fueran máquinas destinadas
a la procreación y no seres humanos libres en sus elecciones, capaces de pensar
y decidir sobre su destino, dueñas de su cuerpo y realidad.
La
denuncia de Amnistía Internacional también pone una mirada crítica sobre la
hipocresía demostrada por el gobierno iraní que declara tratamiento igualitario
para hombres y mujeres cuando lo que sucede es bien diferente.
Violencia
sexual y discriminación son asunto diario en Irán , la mujer no tiene los
mismos derechos que el hombre ni en cuanto al matrimonio, divorcio, custodia de
los hijos, herencia ni siquiera pueden
decidir cómo vestirse.
El
testimonio judicial de una mujer vale la mitad que el de un hombre, y si esta
fuera asesinada o lastimada la indemnización a pagar es la mitad que si el
afectado fuera de sexo masculino. Una niña es responsable penalmente desde los
nueve años y los varones desde los 15.
La mujer
es prácticamente un objeto, basta saber que la que se niega a cumplir con
“deberes conyugales” pierde derechos a modo de castigo y la violación en ámbito
familiar no es delictiva ni tampoco la violencia.
Los
matrimonios a edades muy tempranas y forzados son habituales, es alarmante la
cantidad de niñas que se casan obligadamente siendo pequeñas. Necesariamente
hay que poner atención en un país donde la mujer ni puede elegir su vestimenta
y el estado cuida donde se dirige a estudiar y los lugares que frecuenta a modo
de vigilancia no siendo respetados derechos humanos fundamentales.