No es normal, aunque es
cierto que mentiría se dijera que me sorprende. Porque no es normal en absoluto
la reacción que cualquier escalada en el conflicto palestino-israelí suscita
entre nuestros medios de comunicación y consecuentemente entre mucha gente.
Personas de normal
sosegadas llegan a perder la mesura, e incluso en muchos casos huyen por
completo del raciocinio de una manera tan brutal que en estos días estamos
leyendo cosas, principalmente en internet pero también en los medios, que
tendríamos que remontarnos a la Europa de los años 30-40 o ir directamente a
las hemerotecas a la búsqueda de aquel infausto panfleto de la Alemania nazi
llamado Der Stürmer para encontrar barbaridades de tal magnitud.
Vivimos en tiempos de
gran popularización de internet, con su gran capacidad para democratizar el
acceso a la información. Un factor sin duda positivo. Pero el reverso de la
moneda es que también es mucho más fácil la posibilidad de sembrar de mentiras,
medias verdades y tergiversaciones cualquier noticia con sólo tener un
ordenador a mano, una tablet o un simple smartphone.
Digo esto porque a pesar
de la enorme facilidad que tenemos para recibir, contrastar y transmitir
informaciones, hay cosas incomprensibles. Estos días estamos viviendo una dura
escalada en el conflicto provocado por Hamás y que llevó a la respuesta de
Israel. No calificaré de proporcional o desproporcional la respuesta israelí
cómo nadie califica de proporcional o no la ofensiva militar del gobierno de
Ucrania contra los rebeldes separatistas prorrusos por ejemplo. Ni en Ucrania
ni en ninguna parte. Nadie demanda nunca proporcionalidad militar a no ser
cuando uno de los actores es Israel.
Además, ¿De que estamos
hablando cuándo hablamos de “proporcional”? ¿Sería por ejemplo que si Hamás o
la Yihad islámica dispararon, pongamos por caso, 3000, 4000 misiles y cohetes
indiscriminadamente contra la población civil israelí, debería entonces Israel
en “reciprocidad proporcional” disparar esa misma cifra de misiles también
indiscriminadamente contra la población gazatí? Sin duda ese disparatado
escenario habría multiplicado el número de víctimas hasta cifras infinitamente
superiores a las actuales. En todo caso esta es una mera pregunta retórica ya
que estoy seguro de que la única proporcionalidad que muchos de los críticos de
Israel y de su derecho a existir aceptarían sería la de no hacer nada. Soportar
estoicamente el constante ataque terrorista contra sus ciudadanos desde la
Franja de Gaza.
A todos los que militamos
en nuestra condición humana nos duele profundamente el terrible dolor y el
sufrimiento de las víctimas civiles, no solo en Gaza o en Israel, también en
otros muchos lugares del mundo. Nos duele y deseamos el fin definitivo de las constantes
amenazas de violencia que disparan espirales que desde el mutuo reconocimiento
palestino-israelí al derecho a existir, nunca se dispararían. Porque en este
actual conflicto no podemos olvidar que es Hamás quien provoca y comienza un
enfrentamiento en el que los gazaties son sus propios rehenes, gazatíes que
pueden y deben vivir en paz y buena vecindad con Israel, para lo cuál es
preciso que la Franja de Gaza vuelva a ser administrada por la Autoridad
Nacional Palestina y no por los dictados del fundamentalismo islámico de Hamás.
Y aquí llegamos la gran anormalidad que rodea a este conflicto
palestino-israelí por estos lugares.
Porque muchos de los que
estos días escriben y hablan indignados por la operación militar israelí contra
el grupo islamofascista Hamás, no tuvieron ni tienen una reacción ni por asomo
semejante en otros muchos duros conflictos que desgraciadamente hay en el
mundo. Y muchos escriben y opinan dando por cierta toda la información que
Hamás permite a los medios enviar y que es aceptada como verdad absoluta sin
necesidad de verificar o contrastar las informaciones. Algo así como se después
del atentado contra Hipercor hubiera sido la propia ETA la encargada de
elaborar el informe para los medios y nosotros hunieramos dado crédito a esa
información.
Estos días a pocos
kilómetros de la Franja de Gaza, en la castigada y olvidada Siria, en solo 48
horas en el fin de semana del 19 y 20, más de 700 personas murieron en el
transcurso de los violentos choques entre fuerzas gubernamentales y rebeldes. Y
son ya más de 150.000 los muertos y cerca de 3.000.000 los desplazados y
refugiados de la guerra civil siria. Incluso sin salir de Siria, vayamos a la
periferia de Damasco donde está situado uno de los mayores campos de refugiados
palestinos, Yarmuk, con 160.000 residentes y que desde hace un año sufre el
asedio implacable de las tropas de Assad y de grupos yihadistas con la denuncia
pública de la UNRWA (agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos)
y de la Media Luna Roja sobre la “apocalíptica situación por la que atraviesan
los residentes en Yarmuk”. Sin la posibilidad de entrar ni salir, ni de
abastecer prácticamente de nada a los residentes en el campo. Ni víveres ni
asistencia médica. Lo cual ha provocado cientos de muerte por hambre y frío además
de las víctimas del conflicto armado. No es este un bloqueo que abre y cierra
pasos fronterizos para la entrada y salida de mercancias y personas, es un
asedio militar puro y duro. Y aquí nadie dice absolutamente nada de estos
palestinos acaso invisibles si no tienen la sombra de Israel.
Podría extenderme en la
infinidad de conflictos olvidados en los cuatro puntos cardinales del globo,
alguno en nuestra propia Europa, a muy pocas horas de vuelo, otros cómo Irak y
la terrorífica brutalidad genocida del Estado islámico, y muchas otras guerras
y conflictos con millares o incluso cientos de miles de desplazados y muertos,
pero pienso que sólo y por su cercanía geográfica con la Franja de Gaza el
ejemplo de Siria y Yarmuk son más que de sobra clarificadores.
E insisto, nadie convoca
manifestaciones, ni concentraciones, ni hace declaraciones, emite comunicados
en condena del “genocidio” sirio. Nadie reclama el boicot a Siria, como nadie
lo reclama contra ninguno otro estado en el planeta. Sólo un estado en el mundo
es merecente de los llamados de nuestros solidarios selectivos al boicot y la
movilización. El estado judío de Israel.
La respuesta al porque de
esta escandalosa doble vara de medir contra Israel es tan obvia, y como europeo
tan dramática, que hubiera querido no encontrarla…