La primera y tensa visita de la selección alemana a Jerusalén

08/Dic/2017

Marca, España, Por Miguel Ángel Lara

La primera y tensa visita de la selección alemana a Jerusalén

Antes de arrancar la Eurocopa de 2012, el 1
de junio, Joachim Löw, Phlipp Lahm, Miroslav Klose y Lukas Podolski visitaron
el campo de concentración de Auschwitz. «Damos una señal para que no se
repita ni olvide un capítulo oscuro de la historia de Alemania», explicó
el seleccionador germano, dando voz a unas imágenes que dieron la vuelta mundo.
Unas horas antes, los alemanes habían derrotado en Leizpig a Israel por 2-0
(Özil y Kroos). Aquella histórica visita no era la primera de los
internacionales alemanes a un símbolo del Holocausto que unirá para siempre a
las dos naciones. La primera, en 1987, a pesar de todo el simbolismo que tenía
apenas tuvo eco en la prensa internacional.
Después de un partido en 1969 entre un
equipo amateur de Alemania y la selección de Israel (1-1 en Frechen), el equipo
que dirigía Franz Beckenbauer preparaba la Eurocopa que se jugaría en suelo
germano y aceptó la invitación para jugar en Israel. El partido se disputó el
25 de marzo de 1987 en el Ramat Gan de Tel Aviv y los entonces dos veces
campeones del mundo vencieron por 0-2 con goles de Matthäus y Olaf Thon. Lo que
se vivió en el césped estuvo precedido por una visita histórica de los
jugadores alemanes a Jerusalén, a su Ciudad Vieja y al Memorial Yad Vashem, el
museo que tiene como objetivo desde 1946 recordar a los seis millones de judíos
asesinados por los nazis y que cada año ronda el millón de visitantes.}
La Alemania y el mundo de 1987 no eran los
de 2012. Hubo quien calificó de ridícula la visita pues mucho más cerca tenían
los recuerdos de Auschwitz, Treblinka, Dachau, Mauthausen… La prensa israelí
también fue ácida, acusó a los jugadores alemanes de exhibir «caras de
aburrimiento» y de «mostrarse muy fríos» durante la hora y media
que duró el recorrido. A la cabeza de la delegación alemana estaba el
presidente de la DFB, Herman Neuberger, que durante la II Guerra Mundial fue
capitán de la Werhmacht y hecho prisiones por los británicos tras tomar parte
de las batallas en África e Italia. «El comportamiento ha sido excelente
de un grupo de muchachos que estaba abrumado», explicó ante las críticas.
Él mismo contó que a las preguntas del director del museo, Benjamin Armon, uno
de los responsables del Yad Vashem, respondió que fue «un soldado que no
sabía lo que estaba pasando en los campos nazis».
Escudado en problemas de agenda, el
presidente de Israel, el laborista Jaim Herzog, no recibió a una delegación
alemana, que sí se reunió con Asher Ben Natan, el primer embajador israelí en
Bonn y hombre clave en un juicio histórico: el de Adolf Eichmann, responsable
directo de la ‘Solución final’, secuestrado por los servicios secretos
israelíes en Buenos Aires en 1960, juzgado en Tel Aviv y ahorcado en Ramla el
31 de mayo de 1962.
Los internacionales alemanes apenas
hablaron de lo que vivieron en un viaje que contó con la presencia de más de 50
periodistas de su país. Tampoco respondieron a las preguntas de los israelíes
inquiriendo dónde estaban sus padres o abuelos durante el Holocausto.
«Hemos hecho todo lo posible para afianzar la amistad entre los dos
pueblos», fue lo máximo que sacaron de Beckenbauer.
Con una inversión de 100.000 dólares para
esa visita, la Federación de Israel aprovechó para trabajar de cara a evitar el
boicot que sufría en su zona y dar pasos para ser admitida por la UEFA, algo
que ocurrió en 1992. Y también para intensificar las relaciones de trabajo y de
intercambio entre las dos Federaciones, algo que llevaba ya 20 años dando
frutos.
Antes de marcharse del Museo del
Holocausto, los dos capitales alemanes, Klaus Allofs y Lottar Matthäus,
depositaron una corona de flores en recuerdo a las víctimas. No bastó, porque
se les acusó de no arrodillarse ante el monumento.