La oscuridad

20/Feb/2015

La Vanguardia, España, Pilar Rahola

La oscuridad

Las evidencias son tan
rotundas que solo la lacerante judeofobia del ADN europeo puede desmentirlas:
el antisemitismo crece a pasos de gigante. Y si bien se ha descontrolado en el
islam, también crece seriamente en el continente donde nació el odio a los
judíos, un odio que alimentó al huevo de la serpiente con perseverancia.
Todos fueron antisemitas
en Europa: los Reyes Católicos y su edicto de expulsión; el catolicismo y sus
autos de fe; el reformismo luterano con su judeofobia desatada; Rusia y sus
Protocolos de los sabios de Sión, base argumental de los mitos antisemitas más
violentos; la Francia de las luces que veía cómo el poeta Valéry gritaba contra
los judíos mientras se quemaban comercios en París y en los tribunales se
juzgaba a Dreyfus; o la Austria imperial, que escogía a su alcalde porque
prometía limpiar Viena de judíos. Y después… la larga noche del nazismo y el
asesinato de tres cuartas partes de la población judía europea. Eso fue Europa
para los judíos, un continente cuya identidad no se explica sin el legado
filosófico y científico de los judíos.
Y hoy vuelve a ser una
tierra hostil. Sólo en el 2014 en Inglaterra ha habido 1.168 actos antisemitas
registrados, 851 en Francia; en Suecia y Holanda las comunidades han mostrado
una seria preocupación, y en toda la piel europea se han disparado las alarmas,
tal como muestran los registros sobre antisemitismo de la Liga Antidifamación
Americana (ADL).
No olvidemos que los
únicos templos religiosos y escuelas que necesitan protección policial son los
judíos, tanto en Londres como en París como, por supuesto, en Barcelona.
También cabe olvidar que cualquiera puede morir en un atentado, pero los judíos
mueren por el hecho de ser judíos. El periodista Zvika Klein, acompañado del
fotógrafo Dov Belhassen y una cámara oculta, se ha paseado por París con una
kipá durante diez horas en silencio, un mes después del atentado al
hipermercado kosher. El resultado es la crónica negra del viejo odio antisemita,
ahora con una retórica nueva.
No hay un solo país que
no sufra un severo resurgimiento de la judeofobia, a pesar de que las
comunidades judías son pequeñas en la mayoría de ellos, pero ya se sabe que el
odio antisemita no necesita de la presencia de judíos para perpetrarse. Y más
ahora que ha aparecido la ideología islamista, tan totalitaria, como
fundacionalmente antijudía. Lo cual nos lleva a la pregunta fundamental: ¿qué
haremos? No olvidemos que el antisemitismo siempre es el canario en la mina, el
síntoma de la degradación de la tolerancia, el aviso de que vienen tiempos
oscuros. Cuando se violenta, insulta o mata a un judío por ser judío, toda
nuestra civilización es violentada. Y si no vemos que este odio nos atañe,
porque a través de los judíos nos odian a todos, no hemos entendido nada de las
lecciones de la historia.