¿Cómo eran las bodas judías en Europa Oriental de comienzos del siglo XX? Desde la inauguración del Segundo Templo bajo el liderazgo de Ezra, siglo V a.e.c. las muchachas vírgenes se casaban los miércoles. ¿Por qué? Es una linda historia. Ezra estableció los lunes y jueves para que funcionaran juzgados en las puertas del Templo de Jerusalem, donde acudían los judíos para resolver sus disputas. ¿Por qué las bodas de doncellas los miércoles? Para permitir que si en la noche de bodas el marido encontraba que su esposa no era virgen, pudiera ir el jueves al juzgado a devolver la “mercadería fallada” al padre de la novia. ¿Por qué no servía el juzgado de los días lunes para el caso? Porque no se trabaja preparando banquetes en Shabat, (Sábado) de modo que no había bodas los domingos. A pesar del invento de las heladeras para guardar la comida, la tradición judía de casarse los miércoles continuó durante muchos siglos, aunque desde la destrucción del Segundo Templo por los romanos, año 70 e.c. no había juzgados judíos en Jerusalem.
Vengo asistiendo a seminarios de música y tradiciones de la vida judía en Europa Oriental desde 1996. En el festival Klezkanada, a unos 120 kilómetros de Montreal, en los últimos años, quien nos ha dado charlas de música judía es el Prof. Hankus Netzky. Guardo también mis apuntes de clases en años anteriores del mismo festival, especialmente de Michael Alpert, Director en ese entonces de la orquesta klezmer “Brave Old World” y de un integrante de su orquesta, German Goldenshteyn (Z´l). En Internet pueden ver la foto de este viejo músico, su sonrisa y el disco que se publicó en Nueva York con los bulgars, freylajs, josidls, que él trajo desde Europa Oriental. German llegó a Nueva York en 1994 trayendo consigo el incomparable repertorio musical folklórico de Besarabia. Nunca aprendió a hablar Inglés, nos daba sus charlas en Idish. Nos contó que aprendió música en las academias soviéticas, tocaba en la banda militar y tenía un empleo público. “Los sueldos del trabajo en mi viejo hogar nunca fueron gran cosa, nos poníamos muy contentos cuando nos llamaban para hacer música en una fiesta”, nos contaba riéndose. German anduvo haciendo música con su saxofón y su clarinete por todos los pueblos y ciudades en Besarabia y Ucrania.” Bodas judías y no judías, todos bailaban la misma música”, nos dijo. Anduvo por todos lados con su banda musical. German fue el único que conocía y supo mostrarme, en un mapa grande que siempre traía consigo, dónde estaba “Shmerinka” la ciudad de Ucrania donde nacieron mis abuelos maternos, Moisés y Raquel, y el pueblo de “Vincovits” en Rumania, donde nació mi tío Roberto.
¿Qué aprendimos? Muchas historias… En los pueblos de Europa Oriental del siglo XIX y comienzos del siglo XX, antes de la revolución comunista, para una boda se contrataban klezmorim, (músicos folklóricos) por varios días. La paga ofrecida no era mucha; alojamiento regular, buena comida y algún dinerito. Lo que dejaba ganancia a los músicos no figuraba en el contrato: eran las propinas que los presentes les daban, cuando llegado el momento culminante del baile, justo ahí, los músicos daban por terminada su tarea y ponían a un lado sus instrumentos. A partir de entonces, una hora, dos horas más, los bailarines querían más música y tenían que dar propina a la orquesta para conseguirla.
-¿Había canciones más caras que otras? pregunto.
– Un “freilej” (alegre) era más caro que un vals.
-¿Por qué?
-Porque es más largo, más tiempo trabajando.
¿Cómo llegaban los klezmorim al pueblo en que tenían que trabajar? Lo usual era por tren, varios días antes de la fiesta. Desde la estación del ferrocarril, ya empezaban a trabajar, desfilando por las pocas calles del pueblo y tocando su fanfarria de música, para todo el vecindario. Un desfile que acompañaban todos los muchachitos del vecindario. Ese era el anuncio. Otro día se visitaba a los parientes de los novios, que invitaban a comer a la familia. Luego estaba la visita al cementerio. ¿Con los músicos al cementerio? Si, por supuesto. Ese era el turno de la música triste, copiada de los rezos que son tradicionales en Iom Kipur (el Día del Perdón). Allí, junto a las tumbas, la novia con su madre y sus amigas escuchaban la música, lloraban, recordaban con un “oy, oy, oy” a sus parientes muertos, y les pedían bendiciones para la futura boda. Un día después, los klezmorim, tocando música, acompañaban a la novia por las calles desde su casa a la “mikve” (el baño ritual) y de allí, de vuelta a su casa.
Llegaba el día del casamiento y el banquete de bodas. En esa fiesta la estrella era el “Badjn”, el Maestro de Ceremonias, el líder y director de la banda musical, el bromista que necesitaba los datos de la familia para anunciar en idioma Idish, con alguna rima, un chiste y acordes de los klezmorim, a cada invitado que llegaba a la fiesta, su familia y el regalo que hacían a los novios. El canadiense Michael Wex escritor, profesor, actor en Idish y en inglés, nos canturreó en Idish, en uno de los escenarios de Klezkanada 2019, cómo se presentaba este poeta del folklore para su tarea.
En realidad, la tarea del Badjn era especialmente cantarle a la novia. ¿Para hacerla reír y divertirla? ¡No! “Farvos veint di kale” (¿Por qué llora la novia?) se llama un libro en Idish, editado en Montreal, Canada. Ahí se leen letras de las canciones del Badjn, anunciando a la novia lo que será su vida de casada: cocinar, limpiar, lavar, planchar, quedarse hamacando con un pie la cuna del hijo menor y cosiendo a la luz de una vela, mientras espera que su marido llegue a la casa… el Badjn canta hasta que todas las mujeres de la fiesta, incluida la novia, sacan su pañuelito del bolso y se ponen a llorar.
Al novio, el Badjn le daba una corta conferencia, con acordes de los klezmorim en los puntos culminantes. En serio y en broma, le recitaba sus deberes para su esposa tal como marca la Biblia: “Comida, vestido y deber conyugal”. Después les cantaba a los “mejutonim” los padres de los novios, haciendo muchas veces una parodia de la boda y especialmente de romper la copa al final de la ceremonia y decir fuerte “mazeltov”. (Buena estrella, o buena suerte). ¿Qué significados tiene romper una copa en una boda judía? El Badjn conocía muchos y ofrecía algunos. Tal vez, significa que la armonía dentro del matrimonio es frágil como el cristal y hay que cuidarla, o que incluso en el momento de mayor alegría como es una boda, los judíos recordamos que el Templo de Jerusalem está sin reconstruir. O que se rompe la copa para tener presente que aún si se rompen las cosas, todo lo que el Señor manda, es para bien y hay que decir “mazeltov”.
Para las “majeteinestes”, las consuegras, los músicos tenían preparada su música tradicional. La letra de la canción en Idish dice lo que cada una de ellas no se anima a decirle a la otra“ cuida a mi hijo- o a mi hija, que viene de muy buenas familia. Y disimula si algo no le sale bien, ¡o te las verás conmigo! Y después de todas esas amenazas, bailan como grandes amigas.
Antes de finalizar el banquete, el padre de la novia, tradicionalmente, daba su discurso a los invitados. Es posible que la novia fuera de familia rica, nieta, bisnieta y tataranieta de rabíes y el padre de la novia lo hiciera notar. Haciendo gala de sus “ijes” (orgullo por sus antecesores). Y ¡vengan los klezmorim con melodías después de ese discurso!
También era costumbre que las muchachas de familia rica se casaran con muchachos pobres pero inteligentes, los mejores estudiantes de la Yeshivá (academia rabínica). El padre del novio daba luego su discurso a los invitados, y es posible que dijera algo así como: “Mi hijo no desciende de famosos rabíes sino que mi padre y yo hemos sido unos pobres sastres. Mi hijo aprendió muy bien la Ley de Israel en la Yeshivá y yo le enseñé dos cosas muy importantes: Cómo arreglar lo viejo y no estropear lo nuevo”. Y vuelta a sonar la música alegre.
¿Había baile después del banquete? Claro que sí. Baile y brindis. En los pueblos, los klezmorim solían tocar en la plaza del barrio judío, para que se uniera a la fiesta todo el pueblo. En las ciudades, el baile era en la casa donde se celebraba la fiesta. Los hombres bailaban y brindaban con el novio. ¿Las mujeres? Miraban desde la puerta y se sentaban en la habitación de al lado, charlando y comiendo dulces.
Europa Oriental cambió con la revolución rusa. Iglesias y Sinagogas se cerraron por orden del gobierno. Apenas si había comida, no se hacen fiestas con el estómago vacío. Con el tiempo la nueva economía comenzó a rehacerse, se crearon talleres estatales y la gente consiguió trabajo. Las bodas volvieron a festejarse, aunque sin mikve, rabinos ni sacerdotes. El Badjn desapareció de la escena, pero los músicos no. Con los mismos bailes, algunas de las mismas tonadas de principios de siglo, otras nuevas, más bebida y menos comida. Otra vez los músicos tomaron los trenes para viajar a las fiestas y ¡que viva la alegría!
Las clases de German Goldenshteyn terminaban en este punto, él y su familia llegaron a los Estados Unidos en 1994, al comienzo de la política rusa de la perestroika (transparencia), junto con un aluvión de inmigrantes rusos, muchos de ellos judíos. En su barrio neoyorkino del Bronx, la vida no era muy diferente a la que él había dejado. Sus vecinos hablaban ruso, su apartamento era pequeño, sus ingresos eran bajos. Pero él se sentía contento por el simple hecho de poderse ir de pesca sin que nadie viniera a hacerle preguntas.
La música klezmer en las bodas judías.
04/Oct/2019
Por Esc. Esther Mostovich de Cukierman, para CCIU