En Rusia se conserva una activa comunidad de
judíos de las montañas. Sufrieron crueles persecuciones, ocultaron su origen,
pero lograron sobrevivir y mantener un profundo amor hacia su cultura.
Los judíos de las montañas son una sub-etnia
poco numerosa. En todo el mundo no son más de 200.000. La mayor parte de ellos
emigró a Israel, EE UU y Europa. Pero también hay quienes se quedaron en Rusia.
Según las estadísticas, en el sur de Rusia, en
Piatigorsk, Yessentukí, Kislovodsk y Mineralnye Vody (1.500 kilómetros al sur
de Moscú), hay más de 80.000. En comparación, en Derbent, ciudad-fortaleza a
orillas del mar Caspio, en Daguestán, donde hace tiempo había una gran
comunidad, quedan solo 300 familias
Existen varias versiones sobre la llegada de
los judíos al Cáucaso. A finales del siglo XIX, el etnógrafo ruso Iliá
Anisímov, en el libro Los Judíos Montañeses del Cáucaso, expuso la similitud
del idioma de los tats (etnia irania que vive en Azerbaiyán y el sur de Rusia)
con el de los judíos de las montañas, y llegó a la conclusión de que estos eran
en realidad tats que se habían convertido al judaísmo. También existe la teoría
del científico Lev Gumiliov, según la cual, en el siglo VI, es decir, antes de la
aparición del islam, en Jazaria (actuales territorios de Daguestán y Chechenia)
se produjo un asentamiento de población de judíos iranohablantes procedentes de
Persia, donde había una gran e influyente comunidad judía que había abandonado
el idioma hebreo y adoptado el persa.
En la época de la URSS, la teoría de Anisímov
sobre el origen ‘no judío’ de los judíos de las montañas salvó a muchos: debido
al acoso por parte de la autoridades, una parte de ellos cambió su denominación
étnica en los documentos y se adscribió a los tats. En la Unión Soviética, los
judíos ocultaban a los niños su origen étnico, por ejemplo, para que no
tuvieran problemas en la escuela o con la admisión en la universidad. Pero tan
solo cambiaron su denominación en los documentos, sin cambiar su modo de vida,
resistiéndose a la asimilación.
El jalá de los sábados
Vladímir y Svetlana Dzhanbekov se mudaron a
Piatigorsk desde Kizliar, una pequeña ciudad en Daguestán, en el Cáucaso Norte.
Se trata de una pareja de intelectuales muy habitual en Rusia: él es ingeniero,
y ella, profesora de música; tienen hijos y nietos. Su particularidad es su
activa labor social en apoyo de las tradiciones de los judíos de las montañas.
“En Kizliar, celebrábamos el sabbat en
comunidad. Ese día, estaban presentes hasta los ancianos, a los que les suele
resultar difícil levantarse y salir a algún sitio. Las mujeres se reunían,
preparaban el jalá [pan festivo de los judíos], cantaban canciones… Incluso
escribieron sobre nosotros en la prensa. Recuerdo un titular: “La familia
Dzhanbekov nos trae nuevas sorpresas”.
Svetlana continuó su actividad en Piatigorsk y
fundó un grupo femenino llamado Mazal.
«Todo empezó así: Dos de mis amigas y yo
llamamos a las mujeres de nuestra comunidad y las invitamos a todas a celebrar
el Hafrashat Jalá. Esta es una festividad especial, cuando las amas de casa se
reúnen y preparan el pan del sabbat, el jalá. ¡Reunimos a cuarenta personas!»,
así recuerda Svetlana aquel momento especial. ‘Era abril, hacía frío, estábamos
en el patio abierto de la sinagoga en construcción. Y trenzábamos el jalá,
vestidas con delantales blancos. Mi marido nos dio unos calefactores que sacó
de algún sitio”.
Los Dzhanbekov explican cómo, al principio,
después de mudarse a Piatigorsk, hace 14 años, a menudo tenían que acompañar a
miembros de su comunidad al extranjero. “Cuando algunos de nuestros amigos
emigraban a Israel, pasaban antes por nuestra casa. Estaba todo lleno de
bolsos, cajas, maletas”, dice Svetlana. En aquel entonces eran muchos los que
emigraban, pero esta tendencia se interrumpió gradualmente, y ahora llaman a
Piatigorsk la capital de los judíos de las montañas.
Las costumbres caucásicas de los judíos de las
montañas
Los judíos de las montañas han mantenido sus
tradiciones casi intactas. “Vivían muy unidos y de forma bastante cerrada.
Durante siglos respetaron las leyes de la Torá y conservaron la fidelidad hacia
los preceptos de sus antepasados. Los judíos de las montañas siempre tuvieron
un consejo rabínico, y también funcionaba el consejo de la comunidad”, explica
a RBTH Svetlana Miirova, directora ejecutiva del Congreso Regional Judío de la
región de Stávropol.
Según Miirova, si, al hablar de algún judío,
se menciona que procede de las montañas, nadie duda de su origen judío, ya que
las comunidades no aprobaban las bodas mixtas. Los judíos de las montañas
tampoco tienen costumbres distintas a las habituales en Jerusalén: las mismas
sinagogas, las mismas bodas bajo la jupá con dos testigos kosher, la sala
dividida en una mitad femenina y otra masculina (los hombres no pueden observar
a las mujeres, pero a estas les dejan la posibilidad de mirar a escondidas), y
el mismo cumplimiento de las normas judías.
La milenaria historia de los judíos de las montañas del Cáucaso
11/Oct/2016
Russia Beyond the Headlines, Por Ekaterina Filippovich