4-3-2012
HISTORIAS
«Los soltamos y se fueron. A Manchuria, tal vez». Ese diálogo figura en los documentos liberados ahora. La mentira flagrante
POR ANDRÉS ALSINA
La historia vuelve a escribirse. A solo 60 años de la segunda guerra mundial (1939-1945), la progresiva desclasificación de archivos por la implosión de la Unión Soviética hace dos décadas y la también progresiva liberación de documentos en Gran Bretaña y Estados Unidos por vencerse el plazo legal de reserva y por solicitud, colocan aquellos terribles hechos bajo una luz todavía más dramática.
Laurence Rees (1957) es un hombre de la BBC que hizo un documental en seis episodios basado en esas revelaciones hace dos años: Behind close doors. No está en el mercado (o no supe encontrarlo) y tuve el privilegio de ver el primero, sobre el pacto germano soviético firmado el 23 de agosto de 1939; una semana después, el 1º de setiembre, comenzaba oficialmente la segunda guerra con la invasión alemana a Polonia.
Lo que se sabía hasta ahora era que era un pacto de no agresión, especificaba la intención de estrechar vínculos comerciales y que contenía cláusulas secretas que se repartían el territorio polaco, haciendo desaparecer ese país, y se reconocían mutuamente «zonas de influencia» con lo que se repartían Europa a conveniencia mutua. La nueva documentación agrega que la colaboración se daba también en el terreno militar, transcribe un diálogo entre José Stalin, el todopoderoso dictador soviético y el canciller alemán Joachim von Ribbentrop en el cual Stalin se compromete a darle apoyo soviético en cualquier terreno a la Alemania nazi en caso de que esta lo necesitara, que los soviéticos permitieron una base naval secreta al oeste de Murmansk, cerca de la frontera rusa con Noruega para el mantenimiento de los submarinos nazis en la guerra naval del Atlántico Norte para dificultar el aprovisionamiento estadounidense a Gran Bretaña y el creciente involucramiento militar de EEUU en la contienda, que finalmente se declara en diciembre de 1941. Revelan más los documentos: rompehielos soviéticos trabajaron duramente para que un barco de guerra alemán navegara el casco ártico desde el Atlántico para combatir en el Pacífico, donde logró hundir siete naves aliadas y alentó así a Japón a entrar en la guerra. También da detalles muy precisos del traslado de militares y población polaca a tres campos de concentración en la URSS y cómo son asesinados, quién y cuándo lo hace, y sobre el aniquilamiento de 22 mil integrantes de la intelligentzia polaca en la matanza de Katyn, que los soviéticos negaron largamente haber cometido.
El pacto germano soviético fue desde siempre una gran incomodidad para la ideología comunista, tal como se lo conocía en los años de la segunda guerra y de la guerra fría. La fidelidad a la URSS como vanguardia de la revolución socialista cargaba con el estigma de la alianza con los despiadados nazis. Los comunistas replicaban -recuerdo- que Stalin no había tenido más remedio. La invasión a Polonia había sido hecha «para salvar a Polonia», y de la aniquilación del cuerpo pensante del país negaban responsabilidad, y las otras matanzas de militares polacos eran ignoradas hasta ahora. «Se fueron», respondió Stalin al oficial polaco que combatiría junto a los soviéticos cuando pidió su concurso. «¿A dónde?», replicó el oficial. «Los soltamos y se fueron. A Manchuria, tal vez». Ese diálogo figura en los documentos liberados ahora. La mentira flagrante. Pero si se considera que la URSS y la Alemania nazi eran dos tiranías, es lógico que Stalin se aliara con otro diablo para salvarse. En junio de 1941, los nazis invaden la URSS, Stalin logra la alianza con Gran Bretaña y EEUU pero «el segundo frente», el Día D, lo estiran los aliados liberales hasta 1944, cuando la URSS se había recuperado y no solo tomarían inevitablemente Berlín sino también París. aalsina@observador.com.uy
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El Observador, Andrés Alsina