La Historia de los Judíos: Encontrando las palabras, por Simon Schama

01/Oct/2013

The Guardian, Por Ian Thomson, Revista de Libro

La Historia de los Judíos: Encontrando las palabras, por Simon Schama

La panorámica histórica del judaísmo de Simon Schama atrapa con una mezcla cautivante de hechos y anécdotas.
Primero la burla y las penas, luego los años de exilio. Expulsados de la España antisemita en los 1490, los judíos fueron de los primeros en llegar al Nuevo Mundo. Eran inmigrantes ibéricos o sefardíes (de Sefarad, nombre hebreo para España) en busca de refugio. Oficialmente, a los judíos no se les permitió instalarse en cualquier parte del Nuevo Mundo donde hubiera ortodoxias católicas. El judaísmo, si se lo practicaba en la Jamaica pre-británica, era en secreto. Sin embargo, después que la isla le fue arrebatada a España en 1655, judíos sefardíes empezaron a llegar de Brasil, Holanda, Inglaterra, Guyana y Surinam. A mediados del siglo 18, Jamaica se convirtió en un próspero puesto de avanzada de la diáspora judía en el Caribe, con infusiones también de judíos ashkenazim de Europa del Norte.
En la capital jamaiquina de Kingston, una noche asistí a un servicio religioso de sábado. El suelo de la sinagoga estaba cubierto de arena, amortiguando los propios pasos en memoria simbólica del silencio forzado que la judería tenía que mantener bajo el dominio español. A uno y otro lado del arca, dos luces perpetuas rojas titilaban para simbolizar la unidad de las comunidades sefardíes y ashkenazíes y, en lo alto, letras de oro a todo lo largo del arca mostraban el mandamiento del Antiguo Testamento en hebreo: «Sabe ante quien estás parado”. Era un lugar para el asombro y la reverencia.
La historia de Simon Schama del judaísmo primitivo (el primero de los dos volúmenes proyectados) termina con la expulsión brutal de España en el siglo 15. Multitudes de judíos que se quedaron sin hogar avanzaron hacia Portugal. Un futuro incierto les esperaba en el Nuevo Mundo y en otros lugares. Los judíos que se quedaron fueron “maltratados por el cristianismo» de la Inquisición, o bien, quemados.
La Inquisición, creada por la corona española en 1478, fue parte integral del drama de los judíos sefardíes. Sus métodos de intimidación y control anticiparon las de las policías secretas totalitarias, dice Schama; con horrible frecuencia persiguió a judíos y musulmanes (los ogros gemelos de los no creyentes) cuando la Reina Isabel juró eliminar los últimos enclaves árabes y semíticos de sus dominios. Otros países tuvieron sus inquisiciones y tribunales papales de investigación, pero el equivalente ibérico fue singularmente cruel con los judíos (y duró tres siglos y medio, hasta su disolución en 1834).
A lo largo del norte de Europa, también los ashkenazim fueron procesados como asesinos de Cristo y (típicamente) de niños cristianos. Las comunidades judías en Polonia, Alemania y el norte de Rusia, al igual que los judíos en cualquier parte del mundo, se negaron a reconocer la doctrina de la Santísima Trinidad y por eso tenían que ser castigados. En las ciudades renanas de Mainz y Worms, en el siglo 11, las hordas cruzadas asesinaron a miles de «israelitas infieles”. El antisemitismo se había convertido en el prejuicio más antiguo en el libro. Cinco siglos más tarde, el teólogo protestante Martin Lutero arremetió contra “la presencia extranjera, arrogante y vengativa» en Alemania y se comprometió a restaurar el cristianismo bíblico a través de un virulento odio hacia el judío.
Por supuesto, la historia judía es más que una historia de desarraigo y asalto. Schama ubica los orígenes de la identidad judía en territorios que están en algún lugar entre el Nilo y el Éufrates. Después de la destrucción del Templo por los romanos en el año 70 de la era civil, los judíos fueron expulsados de Jerusalén y dispersados a lugares lejanos. Para muchos judíos de hoy, el retorno a Jerusalén está vinculado a la llegada del Mesías. Israel no podría haber nacido en la forma y cuándo lo fue, sin Hitler. Sin embargo, la preferencia de Schama, me imagino, es para los judíos de la diáspora que no han abandonado el orgullo de su origen, pero que se mantienen como ciudadanos supranacionales del mundo más que de Israel. Schama refleja conmovedoramente su educación judía en el norte de Londres, donde sus padres le inculcaron el amor por la palabra, la música y el debate.
El judaísmo no salió de la nada; los elementos de la imaginería judía y el ritual se remontan a la práctica griega y pagana, nos dice Schama. Janucá puede corresponder a la época del solsticio de invierno en que se celebraba el «retorno de la luz», mientras que imágenes de deidades parecidas a Diana, Venus y Apolo han salido a la luz en las catacumbas judías excavadas en Roma. Estas imágenes parecen desmentir la aversión judía declarada hacia la decoración. Cuándo fue que la ley judía proscribió el uso de imágenes talladas no está claro pero, como tantas otras cosas que se suponen de prácticas judías «inmemoriales», es probable que la prohibición fuera instituida siglos después que el judaísmo naciera. (Del mismo modo, la separación de los sexos en la sinagoga no tiene ninguna disposición en la Torá, dice Schama, aunque tiene sentido si se cree que la oración puede ser alterada por los pensamientos de las mujeres).
Durante siglos, los judíos han estado «plantados desde la antigüedad» en tierras árabes. Judíos babilónicos o iraquíes han vivido tranquilamente en Bagdad durante unos 25 siglos, hasta que fueron expulsados por un decreto antisemita en 1950-1951. Estos judíos árabes estaban tan integrados en la sociedad musulmana, que virtualmente no se les podía distinguir de las comunidades chiítas y sunitas. Sin embargo, su integración no era garantía de seguridad. Miles de judíos iraquíes se han convertido en exiliados o han procurado que ese sea su estado, y se cree que menos de 20 de ellos viven hoy en Bagdad.
La Historia de los Judíos ofrece un testimonio conmovedor de un pueblo que se ha acercado muchas veces  a la aniquilación pero sobrevivió. Es una historia inspiradora y el profesor Schama la cuenta con garbo, entretejiendo hechos y anécdotas en una historia viva que debe ser leída por judíos y no judíos por igual.