La dictadura de terciopelo polaca

21/Nov/2016

El País, España, Por Monika Zgustova

La dictadura de terciopelo polaca

Hace poco comentó Adam Michnik, uno de los
intelectuales polacos más influyentes, que en las manifestaciones contra el
gobierno populista él y los miles de manifestantes se sienten unidos contra un
mal común como cuando protestaban contra el totalitarismo comunista. Ahora se
oponen a «una dictadura de terciopelo», dice Michnik y añade:
«La historia demuestra que hay un gran riesgo de que lo que hoy es de
terciopelo mañana pueda cobrar formas bastante más brutales.»
No le falta razón. La brutalidad puede
estar a punto de empezar. Para que las manifestaciones, como la que describió
Michnik, dejen de organizarse, el ministerio de defensa está creando un cuerpo
paramilitar compuesto por 35.000 jóvenes voluntarios cuyo objetivo primordial
será «prevenir y combatir amenazas no militares, así como defender la
seguridad civil y la herencia cultural de la nación polaca.» Según las
declaraciones del ministro, Antoni Macierewicz, esta guardia trabajará para
defender al gobierno persiguiendo a los ciudadanos y organizaciones que
protestan contra él, al margen de la policía y el ejército. O sea que tendrá
carta blanca para aterrorizar a la población, si conviene. ¿No les recuerda
algo?
El que puso en marcha esa amenaza fue el
propio ministro Macierewicz, un nacionalista católico, además de populista
antiliberal y ultraconservador euroescéptico, anti-ruso y antisemita que afirmó
que existía un complot mundial judío. Además, según Macierewicz existe otro
complot, y es aquí donde hay que buscar su popularidad entre muchos polacos.
Contra la evidencia científica de la investigación, el ministro denuncia que el
Kremlin está detrás de la caída del avión presidencial polaco en Rusia, en
2010, en el que viajaba el jefe de Estado Lech Kaczynski y otras 95 personas. Y
para no quedarse corto, declara que el anterior primer ministro Donald Tusk,
hoy presidente del Consejo Europeo, participó en ese complot. El hombre que hoy
dirige el ejército polaco intenta reescribir la historia de Polonia.
La gobernante derecha
ultranacionalista desea echar un tupido velo sobre el pasado para
reescribirlo según su ideología
Y no está solo. La gobernante derecha
ultranacionalista polaca lleva a cabo una política que recuerda los momentos
más sombríos de Europa: desea echar un tupido velo sobre el pasado para
reescribirlo de acuerdo con su ideología: la de cantar odas sobre su nación.
El gobierno polaco de Ley y Justicia
(abreviado, en polaco, como PiS), partido encabezado por Jaroslaw Kaczynski, ha
cogido una goma de borrar: antes que nada, el antisemitismo, esa mancha que
ensucia la imagen de Polonia. Mientras que el mundo entero reconoce a Polonia
como uno de los países históricamente más marcados por el antisemitismo, el gobierno
del PiS nombró como director del Instituto de la Memoria Nacional a Jaroslaw
Szarek, un historiador que niega, entre muchas otras cosas y contra toda
evidencia, la responsabilidad de los civiles polacos en el pogrom de Jedwabne
en el cual, en 1941, perecieron 340 judíos, la mayoría de ellos quemados en una
granja.
Los que llevan a cabo el revisionismo
histórico polaco han decidido además boicotear el magnífico Museo de la
Historia de la Segunda Guerra Mundial en Gdansk. Según la visión del PiS, lo
único que hay que celebrar sobre esa guerra es el heroísmo de una Polonia
abandonada por las potencias europeas. PiS, en su odio irracional hacia todo lo
ruso y soviético (en muchas salas de conciertos polacas, bajo la influencia del
ambiente anti-ruso, está mal visto y en algunos casos prohibido tocar piezas de
músicos tales como Prokofiev o Shostakovich) niega hasta el indiscutible y
manifiesto hecho de que quien echó a los nazis de Polonia fue el ejército
soviético.
Esa mirada revisionista usurpa, además, la grandeza
histórica a personajes como Walesa y Geremek que aseguraron la transición
pacífica del comunismo a la democracia. En nombre de una gran Polonia eterna,
el jefe del PiS, el católico integrista Kaszynski, usa todos los medios para
rebajar a la población urbana liberal y proeuropea en los ojos de la nación.
Las élites urbanas no tienen más recursos que salir a la calle. Al igual que
tantos países occidentales, incluídos los Estados Unidos, también Polonia está
escindida en dos por culpa de la radicalización y el neoconservadurismo de la
derecha.
En repetidas ocasiones la UE ha expresado
su preocupación por el desarrollo político en Polonia, además de Hungría, otro
país donde la democracia sufre y el populismo, además del antisemitismo,
crecen. Los países de la Europa Central y del Este, que siguen sintiéndose
víctimas por haber experimentado cuatro duras décadas de comunismo, hoy creen
que Europa les debe el dinero que perciben de ella y, en su animadversión,
llevan una guerra de trincheras contra Bruselas. La verdadera unión del Este y
el Oeste europeos no resultará fácil.
Monika Zgustova es escritora. Su última
novela es Las rosas de Stalin.