Israel: ¿democracia imperfecta… o estado de apartheid?

22/Feb/2022

Por Dr. Jaime Apoj, de CCIU

Por Dr. Jaime Apoj, de CCIU

En las últimas semanas se dieron a conocer dos noticias, que parecen ser contradictorias, aunque –en nuestra opinión- no lo son. Por un lado, el Índice de Democracia que elabora la Unidad de Análisis del prestigioso medio británico The Economist, ubica a Israel en el puesto 23… Por otro lado, AI concluyó que Israel practica el apartheid desde su fundación en 1948, aún dentro de sus fronteras internacionalmente aceptadas.

En las últimas semanas se dieron a conocer dos noticias, que parecen ser contradictorias, aunque –en nuestra opinión- no lo son. Por un lado, el Índice de Democracia que elabora la Unidad de Análisis del prestigioso medio británico The Economist, ubica a Israel en el puesto 23, entre todos los países del mundo, apenas por detrás de Costa Rica y Francia (aunque los tres con el mismo puntaje: 6,88 puntos) como Democracia Imperfecta, aunque por arriba de potencias como Estados Unidos y España.

Esta clasificación basa los resultados en sesenta indicadores, que se agrupan en cinco diferentes categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política, y clasifica a los países en 4 categorías, según el puntaje obtenido: democracias plenas, democracias imperfectas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios. Las democracias, ya sean plenas o imperfectas, son minoritarias en la totalidad de países analizados: apenas el 13.2% lo son (22 países con Democracia plena), 54 con Democracia imperfecta (32.3%), 37 naciones con Régimen híbrido (22.2%), y 54 con Régimen autoritario (32.3%), entre ellos varios países del Medio Oriente como Siria.

Claro que la calificación de Israel, debe ser analizada en su actual contexto geopolítico, y dentro de su conflictiva zona geográfica.

Expresa el citado informe de The Economist,  que desde 2012, los países de África subsahariana, el norte de África y Oriente Próximo han visto cómo empeoraba la salud de sus democracias año tras año.  Y ubica a Israel como una de las pocas excepciones en Oriente Próximo. Toma como elementos que bajan la clasificación de su democracia, al juicio por corrupción del exprimer ministro Benjamín Netanyahu y situaciones a resolver y solucionar como el del caso del software Pegasus; pero concluye que en términos generales, el país sigue mejorando su nivel de desarrollo democrático. Claro que desde otro punto de vista, que un ex primer Ministro, que lo ha sido por extenso período, esté sometido a la Justicia, es un índice que fortalece a la democracia.

EL INFORME DE AMNISTÍA INTERNACIONAL (AI)

Por otro lado, Ai concluyó que Israel practica el apartheid desde su fundación en 1948, aún dentro de sus fronteras internacionalmente aceptadas.

Sin entrar a analizar el conflicto israelo-palestino en su totalidad, es necesario destacar que otros informes objetivos muestran una contradicción importante entre el citado índice de democracia israelí y la conclusión de AI.

Los árabes constituyen alrededor del 20% de la población de Israel, y gozan de ciudadanía plena, incluido el derecho al voto, esto es a ser electores y elegibles. Siendo así, los ciudadanos israelíes árabe musulmanes, drusos y cristianos están representados en el parlamento. Más aún, Majalli Wahabi, druso israelí (no judío) fue presidente de Israel durante un breve periodo en 2007, supliendo al Presidente electo, ya que integraba la Knesset (entre 2003 y 2013). Wahabi era licenciado en Historia del Islam de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Por esos años declaró: “creo que mi nombramiento es el ejemplo y respuesta a todos aquellos que acusan a Israel de ser un régimen de Apartheid. Este hecho muestra que las minorías tienen los mismos derechos y que formamos parte del gobierno y del parlamento”. Obviamente no es el único caso: estos ciudadanos también ocupan cargos en el Poder Judicial (incluso dentro de la Suprema Corte). Así es que se acaba de informar de que Khaled  Kabuv, de origen árabe musulmán pasó a integrar el máximo órgano de justicia como miembro permanente, y en reemplazo del juez George Kara para ocupar el «asiento árabes-israelí».

Ello demuestra que en la educación a nivel universitario hay plena integración de la ciudadanía árabe israelí, cualquiera sea su confesión. En el Sector Salud, especialmente, aunque no únicamente, se destacan los profesionales de ese origen, ocupando incluso lugares destacados y de dirección.

LA ACTUAL COALICIÓN DE GOBIERNO.

Como en cualquier sociedad, en Israel, existen diferencias socioeconómicas entre su ciudadanía, más allá incluso de sus credos; influyen en su determinación, factores socioculturales, tradiciones, zonas geográficas, etcétera.

Por eso, resulta  importante destacar las actuales declaraciones de Mansour Abbas, líder del partido árabe Israelí Ra’am, que integra la coalición de gobierno. Éste, concretamente, rechazó el uso del adjetivo «apartheid» para describir las relaciones entre judíos y árabes dentro del país, como lo hizo Amnistía.

“Yo no lo llamaría apartheid”, dijo Abbas en respuesta a una pregunta en un evento en línea organizado por el Washington Institute for Near East Policy, un grupo de expertos con sede en Estados Unidos. El parlamentario señaló que estaba en una coalición de gobierno con el primer ministro Naftali Bennett y que podría unirse al gabinete si quisiera.

“Prefiero describir la realidad de manera objetiva. Si hubiera discriminación en un campo determinado, entonces diría que hay discriminación en ese campo específico”, aseveró. Abbas dijo que su enfoque es unir a judíos y árabes para abordar los desafíos sociales y económicos. En el mismo sentido se expresó Issawi Frej, otro miembro árabe del parlamento y el gobierno. Lo cierto es que integrando la coalición de gobierno, Ra’am logró concretar políticas específicas destinadas a determinadas poblaciones y barrios de mayoría árabe, como lo son específicamente los proyectos de desarrollo tecnológico y seguridad que el gobierno actual puso en marcha.

En síntesis, no parece compatible definir a una democracia imperfecta, ubicada en el número 23 entre 167 países, como, a su vez, un estado de apartheid. Tampoco parece una conclusión objetiva o neutral.

Pero estas son apenas las primeras reflexiones que merece este tema, que amerita profundizar más en el mismo, y en posteriores notas, basándonos en datos y cifras objetivas.