Isaac Bashevis Singer, el último escritor idish

21/Ago/2014

Nuevo Mundo Israelita

Isaac Bashevis Singer, el último escritor idish

A los 110 años de su
nacimientoHijo y nieto de rabinos,
Isaac Bashevis Singer nació en Radzimin en 1904, y al igual que su padre y
abuelo, él también estudió en el seminario rabínico de Varsovia, donde adquirió
una formación histórica y mística que le permitió conocer las tradiciones
judías polacas exploradas más tarde en sus obras.
Creció en el barrio judío
de Varsovia, donde se hablaba idish, rodeado de un ambiente de violencia
antisemita cada vez más creciente en forma de pogromos. A pesar de que estaba
siendo preparado para convertirse en un rabino jasídico como su padre, el joven
Isaac siguió los pasos de su hermano mayor, el novelista Israel Yehoshúa
Singer, manifestando así su preferencia por la escritura más que por la
religión.
En 1935, ante el temor de
la ofensiva nazi, emigró a Estados Unidos, donde comenzó a escribir como
periodista y columnista en The Daily Forward, un diario en idish dirigido a la
comunidad judía inmigrante de Nueva York. En ese mismo año aparece su primera
novela, Satán en Goray.
Aunque sus primeros
artículos periodísticos y libros publicados en Estados Unidos iban dirigidos a
la comunidad judía centroeuropea, las traducciones al inglés de sus obras lo
dieron a conocer al público estadounidense en general, a lo que contribuyó la
popularidad de las revistas donde aparecían sus textos: The New Yorker,
Harper’s y Commentary.
1950 fue el año de la
publicación de su primera gran obra, La familia Moskat, una novela sobre una
familia judía que vive en los guetos de Varsovia en las décadas precedentes a
la invasión nazi de Polonia. La obra fue publicada por capítulos en el Jewish
Daily Forward y radiada semanalmente en una emisora judía. Y así como es La
familia Moskat su obra mejor lograda, hay que anotar que la más conocida es
Yentl, gracias a la película que, basándose en ella, protagonizó Barbra
Streisand, filme al que Singer calificó, sin embargo, como la “peor película de
mundo”.
A estas obras sucederían
un montón más, destacando entre ellas Sombras sobre el Hudson (1957), El mago
de Lublin (1960, también llevada al cine), La casa de Jampol (1967), Los
herederos (1969), Enemigos, una historia de amor (1972), El penitente (1973) y
Shosha (1978). Como consecuencia lógica de estos libros con tan buena acogida
de público, con el tiempo irían llegando los premios, como el National Book
Award en 1973, y un inesperado Nobel de Literatura en 1978.
Singer echó raíces en
Estados Unidos, y en el país del norte publicó toda su obra: casi cincuenta
libros y miles de artículos. Y allí también lo sorprendió la muerte en 1991, en

La obra, o el derrumbe de
las tradiciones judías
Las novelas de Singer
están encuadradas en la vida judía y reflejan la descomposición de un mundo que
se debate entre la tradición y la modernidad, narrando el conflicto de los
exiliados entre las tradiciones de su fe y el empuje del laicismo moderno. Sus
libros pueden considerarse grandes frescos por los que deambula un sinfín de
personajes muy distintos entre sí, a quienes solo los une su condición de
judíos. En líneas generales, estos personajes son jóvenes destinados a ser
rabinos que pierden la fe, mujeres judías polacas que marchan al extranjero o
que se casan con gentiles, o familias que, después de hacer fortuna, se olvidan
de sus tradiciones ancestrales.
En los cuentos de Singer
se narran cosas mágicas, que el escritor escuchó a su madre y ella aprendió de
su abuela. Y la abuela, de su bisabuela… Singer posee la sabiduría
tradicional aliada con los recursos de un narrador moderno; él guarda con celo
el viejo tesoro de los suyos, pero para ofrecerlo a los otros. Quizá por esto
es un narrador sencillo, asombrosamente simple, dueño de un lenguaje directo y
una prosa llana que no deja espacio a la ambigüedad, tan en boga entre sus
contemporáneos.
El idish: “El lenguaje de
la gente sencilla”
La Academia Sueca señala
que Singer narra “la vida de los judíos del Este europeo, tal y como se
desarrollaba en pueblos y ciudades, en la pobreza y bajo la persecución. Su
lenguaje es el idish, el lenguaje de la gente sencilla”. Y es que, para muchos,
Singer es el escritor más importante que ha dado la literatura idish.
Antes de la Segunda
Guerra Mundial, el idish era la lengua de los judíos asquenazíes establecidos
en Europa central y los países del Báltico. Aunque se estima su origen en la
Edad Media, solo comenzó a tener literatura propia en la segunda mitad del siglo
XIX, con el ruso Mendele Molcher Sforim, el polaco Y.L. Peretz y el ucraniano
Scholem Aleijem, quienes fundaron la novela histórica y humorística y
prepararon así el terreno para la gran literatura de Isaac Bashevis Singer.
A pesar de vivir en
Estados Unidos y haber adquirido la nacionalidad estadounidense en 1943, Singer
fue siempre fiel a su cultura y sus tradiciones, escribiendo todos sus libros
en idish, y en algunos casos él mismo se encargaba de traducirlos al inglés; no
obstante, en los últimos años se limitaba a supervisar las traducciones que
hacían otros.
Singer representa la
fidelidad a una lengua condenada a la extinción. Solo la terquedad, y el
acendrado espíritu de conservación, hizo que no renunciara a la lengua de sus
mayores. Esta lengua en trance de extinción ante el renacimiento del hebreo,
sirve a Singer como vehículo postrero de un mundo ya desaparecido que él evoca
con la vieja elocuencia del jasidismo y el esplendor de la mejor narrativa de
la Europa decimonónica.
No en vano, entonces, se
cita a Singer como el último sobreviviente de la literatura idish.
Al recibir el Nobel
La entrega de los Premios
Nobel de 1978 estuvo rodeada de fuertes medidas de seguridad, pues ese año se
concedió el de la Paz, no sin poca controversia, al primer ministro israelí
Menajem Beguin y al presidente egipcio Anwar el Sadat.
En un contexto tan
delicado, un corresponsal inglés interroga a Singer por qué escribe en idish y
no en hebreo, con miras a preguntarle por qué no usa la lengua oficial del
Estado de Israel. “Porque el hebreo es una lengua muerta”, dice airadamente
Singer, sin fijarse demasiado —o sí— en la presencia de Beguin en Oslo. “Porque
el idish es el idioma que usaban los personajes de mis novelas cuando les
pasaba lo que narro”, agrega. “El idish es el idioma para relatar las cosas de
los judíos, que siempre han oscilado entre la vida y la muerte. Para los
judíos, la muerte solo puede mencionarse en idish”.
Algunas obras de Singer
en español
La destrucción de Kreshev
(Traducción directa del idish, Barcelona: El Acantilado, 2007).
La muerte de Matusalén
(Barcelona: La Otra Orilla, 2007).
El certificado
(Barcelona: Ediciones B, 2004).
Cuentos para niños
(Madrid: Editorial Anaya, 2004).
La casa de Jampol
(Madrid: Debate, 2003).
Los herederos (Madrid:
Debate, 2003).
Amor y exilio (Barcelona:
Ediciones B, 2002).