Ya fue polémica hace unas pocas semanas la
decisión de las autoridades italianas de tapar las estatuas desnudas de los
Museos Capitolinos para no ofender a la delegación iraní que visitaba Roma
encabezada por el presidente, Hasán Ruhaní. Pero las cosas no se quedaron ahí.
Días después, se canceló una cena oficial
entre el presidente de Irán y su siguiente anfitrión, el francés François
Hollande. El motivo no fue otro que la negativa del Gobierno galo a retirar el
vino de la mesa, algo que habían solicitado los iraníes para que todo cumpliese
el protocolo musulmán. Pero esa tampoco ha sido la última polémica.
Ahora, las autoridades de Irán han dado un
paso más para prohibir que en los libros publicados en el país aparezca la
palabra ‘vino’, el nombre de los animales extranjeros e incluso el de algunos
dirigentes de otros países.
Esta censura impuesta por el Ministerio de
Cultura de Irán ha sido diseñada, supuestamente, para proteger a la población
de lo que el régimen denomina una “embestida cultural” de Occidente.
Así, a la hora de que un nuevo libro sea
publicado en Irán, nada se deja a la improvisación. Tal y como explica Mohammad
Selgi, jefe de edición de libros en el Ministerio de Cultura y Orientación
Islámica iraní: “cuando se registra un nuevo libro, nuestro personal tiene que
leer página por página para asegurarse de si son necesarios cambios editoriales
con el fin de promocionar los principios de la revolución islámica, afrontar la
embestida cultural occidental y censurar cualquier insulto contra los profetas”.
Mandato religioso
Además del mal llamado Ministerio de
Cultura, la responsabilidad de la censura iraní recae, cómo no, sobre las
autoridades religiosas. De hecho, todo se debe a una singular petición del
ayatolá Ali Jamenei, líder supremo de Irán en lo que a política y religión se
refiere.
El ayatolá invitó amablemente al Ministerio
de Cultura de su país a “centrarse en la producción de libros y películas
atractivos, el diseño de videojuegos y la creación de juguetes significativos”,
pero con una meta.
Todo, para contrarrestar esa supuesta
invasión cultural occidental que estaría sufriendo Irán, según sus autoridades,
y que no tiene otro objetivo que “destruir la identidad islámica”.
Y, claro, a ver quién decide llevarle la
contraria al líder supremo iraní. De esta forma, el propio Selgi reconoce que
el punto de vista de los clérigos “debe tenerse en cuenta a la hora de permitir
que un libro se publique”.
Así las cosas, en pleno 2016 en Irán nadie
leerá la palabra ‘vino’, ni los nombres de animalitos extranjeros (pobre Winnie
the Pooh) o de mandatarios de otros países. Designio de Alá. O de sus
representantes en Irán, más bien.
Irán prohíbe en los libros la palabra “vino” y los nombres de animales extranjeros
12/Feb/2016
Público, España