Hitler examinado en el centro de Berlín

29/Oct/2010

ABC España

Hitler examinado en el centro de Berlín

Hitler examinado en el centro de Berlín
No hablamos de memoria histórica, sino de memoria. Los pueblos sin memoria están muertos
DARÍO VALCÁRCEL
Día 28/10/2010
LA exposición, inaugurada este mes, narra la niñez de Hitler, su adolescencia, el modo en que este oportunista radical se introdujo en la historia alemana. Primera muestra dedicada al Führer desde 1945. El museo de Historia de Alemania trata de dar con el origen de Hitler, su llegada al poder y la automovilización de una parte, gran parte, de la sociedad alemana, el estado, el partido, la iglesia, hace 80 años.
Hans-Ulrich Thamer, comisario de la exposición Hitler y los alemanes: Nación y Crimen, dice al NYTimes: «Hitler, como persona, era un tipo corriente. Sin el apoyo popular, no hubiera sido nada». Quizá nos encontremos más bien ante una exposición dedicada a la sociedad alemana. «Es necesario reforzar el mensaje en estos tiempos de nacionalismo rampante, intolerancia y desconexión generacional entre lo que ocurre hoy y la época nazi». El profesor Thamer añade: «La única esperanza de parar en seco a los extremistas es aislarles de la sociedad, de modo que queden efectivamente separados de ella, sin relación con la burguesía u otras clases». Se trata, insisten los organizadores, de evitar que la fe en la propia nación se mezcle con signos perturbadores, señales filtradas desde los márgenes hacia la corriente central. Un libro de gran venta, leemos, promueve nuevas teorías genéticas sobre la inteligencia. Un líder político condena las culturas lejanas. Los medios de comunicación reflejan conflictos cada vez más frecuentes entre inmigrantes y defensores de la raza. Cuando un viernes el museo berlinés abre sus puertas, sigue el Times, la cola es larga. Al final del día más de 3.000 personas han pagado seis euros para ver no solo las fotografías y vídeos sino los uniformes, mezclados con ofertas de trabajo y proclamas de fidelidad al destino germánico.
Lo demás es conocido, aunque solo en parte. ¿Cómo íbamos a saber? La hipocresía se ha hecho más y más fuerte. ¿Cómo íbamos a saber? Todo el que se lo propusiera podía saber. Sobre todo desde enero de 1942, al empezar la solución final.
Al lado de aquel infierno junto al Báltico, lleno de persecuciones, torturas y tiros en la nuca, España, país mediterráneo, era poca cosa. El general del Ferrol había impuesto el silencio, silencio de los cementerios para más de 40.000 fusilados después de abril de 1939: fusilados en la paz. La mentira de Ulises, con sus cifras, hace irrelevante, además de cutre, a la España de entonces: seis millones de judíos exterminados, veinte millones de rusos caídos en la guerra, la élite de Inglaterra pasada por la guadaña. Los señoritos bailaban en Villa Rosa mientras en los carabancheles se oía alguna descarga al amanecer. En España, tras la guerra civil, la larga posguerra no se queda atrás. No hablamos de memoria histórica, sino de memoria. Los pueblos sin memoria están muertos.
Hitler fue un monstruo, de acuerdo: pero sin el concurso de millones de alemanes, no hubiera llegado. La exposición de Berlín es un doloroso servicio al pueblo alemán. Una parte de la derecha española, horrorizada ante la deriva de la República, se entregó en brazos del general Franco. Una parte de esa parte lo hizo con entusiasmo. Muchos huimos de aquella España como de la peste. Pero conviviremos con ella, no faltaría más.